La Biblioteca del Bicentenario ya está en la zona sur. En un artículo titulado "Recuerdo, repetición y elaboración", Freud describe una de la formas del olvido al que denomina el "olvido pasivo". Parido por algún trauma del pasado, un determinado acontecimiento se torna inconsciente, ya no puede ser recordado. No obstante –y esto es lo particular en esta clase de olvidos– el sujeto evoca lo ocurrido repitiéndolo en acto: no lo nombra, no lo registra, pero lo vive nuevamente, lo vuelve acto, lo repite sin saber que lo hace. Estamos frente a una "compulsión de repetición". Tal parece, el Estado provincial y municipal presentan un cuadro similar. El pasado 9 de enero, La Capital publicó una nota titulada: "La Biblioteca del Bicentenario estará ubicada en la zona sur". La encargada del proyecto, Fernanda González Cortiñas, explica allí que "será una biblioteca moderna regida por tres ejes fundamentales: innovación, inclusión y sustentabilidad" (…) "estará a la vanguardia en materia de tecnología de la información" (…) "se intenta lograr una institución de carácter popular garantizado por el acceso gratuito a las instalaciones y servicios, en un edificio amigable para las personas con discapacidades físicas". Finalmente agrega: "se decidió levantarla en ese lugar en concordancia con el proceso de descentralización que lleva adelante el municipio". Volviendo entonces a Freud, cabe preguntarse: ¿qué está latiendo en lo profundo de este megaproyecto? ¿Cuál es el olvido construido a fuerza de represión? ¿Qué pasado traumático no puede recordar el Estado? ¿Qué repite, patológicamente, sin saber? Veamos sus "síntomas-repeticiones": un megaproyecto ubicado en la geografía marginal de la zona sur de Rosario; una biblioteca popular pensada para la inclusión y la diversidad; una apuesta basada en la innovación tecnológica de sus servicios e instalaciones al cual se accede por un sistema de rampas; es decir, un edificio "amigable" para las personas con dificultades físicas. La compulsión tiene nombre, se llama: Biblioteca Popular Constancio C. Vigil. El cuadro de coincidencias se completa con el componente represivo: un acontecimiento traumático iniciado el 25 de febrero de 1977, día de la intervención cívico-militar que termina con su vida institucional, a fuerza de detenciones ilegales, persecución, censura, biblioclastía, saqueo, corrupción y destrucción. Paradójicamente, la Biblioteca "repetida", se emplazaría en los terrenos del ex Comando del Segundo Cuerpo del Ejército, Batallón de Comunicaciones Nº 121. Pero más allá de las relaciones señaladas, lo cierto es que el psicoanálisis es una disciplina del conocimiento y el campo político otro; entre ambos existe una diferencia fundamental: el primero trabaja sobre lo "no sabido"; el segundo intenta operar sobre lo evidente, lo conocido, aquello que llamamos realidad. Reformulo entonces la pregunta: si el Estado repite, ¿lo hace "sin saberlo"? Si acaso hay una patología política en todo este asunto, ya no puede atribuirse al des-conocimiento; parafraseando al historiador Yerushalmi: es posible que lo opuesto a la memoria no sea siempre el olvido, sino la injusticia. Por tanto, la cuestión es sencilla: reparación; los fondos previstos para la construcción de la hipotética Biblioteca Bicentenaria deberían destinarse a la efectiva, cierta e histórica Biblioteca Vigil. Allí está –tal y como lo proyectan– el edificio vanguardista, descentralizado, funcional y marginal, esperando que acabe la "represión" que aún opera bajo la forma del ninguneo, la desidia y el olvido; aguardando está, repleto de jóvenes, docentes y trabajadores que aún la sostienen. La Biblioteca del Bicentenario ya esta en la zona sur. Freud lo diría así: deje de repetir, su problema a resolver es la Biblioteca Vigil.































