Este año no tenemos Feria del Libro en Rosario. Un regocijo para los que necesitan de la incultura para gobernar a su antojo. Nuestra querida ciudad está catalogada como turística. ¿No hubiera sido la Feria del Libro un atractivo seductor para el ocasional visitante? En un ámbito cerrado, prolijo, se hubiera necesitado menos protección policial ante la feroz delincuencia rosarina que la que se va a tener que implementar en Colectividades, por ejemplo. ¿Fue eso calculado a la hora de decir que para este enfoque de la cultura no hay presupuesto en nuestra ciudad? Como escritora lo lamento, porque sé perfectamente del esfuerzo personal de tantos escritores de Rosario y alrededores, que, como yo, tratan de publicar sus obras aún con costos demasiados onerosos, pero lo hacen en salvaguarda de la cultura que se pretende dejar a las generaciones futuras. Porque los que escribimos apostamos al presente y creemos en un futuro mejor. Una vez más las autoridades tendrán que ponerse los pantalones largos a la hora de evaluar prioridades. Eso podrán hacerlo si es que verdaderamente la educación figura en sus agendas de gobierno.

































