Hacía mucho que no compraba yogur en sachet y el otro día compré un par. Cuando llegué a casa noté algo extraño, el contenido que rezaba en la portada era de un kilo. ¿Será una particularidad de esta marca?, me pregunté. Unos días después volví al supermercado a reponer lo que había consumido y me fijé, ahora más detenidamente, en todas las marcas de yogur en sachet. Salvo el que soluciona los problemas de tránsito, cuyo contenido es de 750 cm3, los demás eran de un kilo. ¿Cuándo ocurrió esa transformación de volumen (litros, como era antes) a peso (un kilo, como ahora)? No es que sea un nostálgico, sino que huelo una trampa. Un kilo de yogur no es lo mismo que un litro. Esa igualdad se da más o menos con el agua. Un kilo de yogur equivale a tres cuarto de litro, porque es más denso. Pero el efecto es psicológico. Cuando vi el yogur del tránsito lento me pareció que traía menos que los demás. Sin embargo todos traen lo mismo, lo que pasa que engañan con el enunciado de la unidad y uno se dice un kilo es lo mismo que un litro. Por supuesto, que debe costar lo mismo que antes —o un poco más— pero ahora trae menos. La falta de controles y de honestidad hacen que la ética en nuestro país esté pisoteada hasta en estas pavadas. No sé dónde está el engaño, pero estoy seguro que en esto del yogur existe. Y seguramente, en muchas cosas más.


































