Soy mamá de dos niños en edad de educación primaria, que asisten a una escuela de zona sur, y me preocupa el deterioro que sufrió el "año lectivo", desde las vacaciones de invierno (con la pandemia) en adelante. Mis hijos van a una escuela particular, que al estar subvencionada en algún porcentaje por el Estado, no es privada, pero tampoco es estatal. Estos últimos meses, me terminé de convencer que a nadie le interesa educar y a los docentes tampoco. A pesar de entender que todos tenemos derecho a reclamar salarios dignos (el gremio docente no es el único que padece el mal pago) y el derecho a huelga, que también es constitucional, me cuesta entender, por qué después de 45 días sin clases en el mes de julio, en los que ya estaba en riesgo el año escolar, en los meses siguientes se siguió atentando contra la educación de quienes deberían ser el futuro de este país. El mes de noviembre es un claro ejemplo. Con sólo 20 días hábiles de clases, ya van seis sin ellas; además, no sé que habrá pasado en otras escuelas, pero en la que asisten mis hijos, dada la cantidad de días menos de clases, las maestras arremeten con prisa y dan tema nuevo, tras tema nuevo, poniendo a algunos chicos en situación de riesgo. Otra cosa que nos ha pasado es que les dan tareas compensatorias, incluso con temas que no dieron, por lo que papás y mamás pasamos a ser docentes sin recordar muchas veces los temas y teniendo que acudir a maestros particulares, acarreándonos también dificultades económicas. Sin contar el movimiento familiar que tenemos que hacer con cada paro las mamás que trabajamos. Esta situación me molesta, me indigna y duele. ¿Cuando dejaremos de ver el árbol para ver el bosque? ¿Cuando entenderemos que la única forma de salvar el país es colaborando? Hay que ponerse las pilas, fue un mal año, está bien. Los docentes tienen derecho a sueldos dignos, también está bien. Pero obligar a los chicos a cumplimentar en forma (y no en tiempo) con un año que se acortó, con trabajos prácticos y evaluaciones continuas, con tareas larguísimas y hasta a veces inentendibles, no me parece justo. No es justo ni para los chicos, que viven la presión de hacer todo en los tiempos de los adultos, ni es justo para los papás que actualmente tenemos que trabajar muchas horas y no disponemos de tanto tiempo ni de dinero extra para pagar clases particulares.

































