El ciudadano común, aquel que no tiene mayores conocimientos de las leyes y códigos, y también los profesionales del derecho, no salen de su asombro ni pueden entender por qué el cura Grassi, condenado a quince años de prisión por abuso sexual y corrupción agravada de menores, anda suelto y en libertad. En efecto, este “hijo de Dios” con una dura condena del Tribunal Oral en lo Criminal Nº 1 de Morón, confirmada por la Cámara de Casación, este cura católico, está libre, es decir que no hay cumplimiento efectivo de la pena. Cabe agregar, para mayor asombro, que en este estado de libertad estuvo durante todo el proceso. Algo insólito, sin dudas. Ante esta realidad que indigna a todos por arbitraria e injusta y ante la gravedad de los delitos por los que fue condenado, mantener a Grassi en libertad nos lleva a pensar que las personas con poder, en este caso el de la Iglesia, terminan eludiendo el cumplimiento de la ley. Guardar silencio y no hablar y/o tomar medidas sobre hechos tan lamentables evidencian complicidad e incapacidad. El gran teólogo católico Schillebeeck expresó: “Se debe tener el coraje de criticar porque la Iglesia tiene siempre necesidad de purificación y de reformas”. Queda claro que las personas con poder eluden el cumplimiento de la ley. El cura Grassi es una de ellas.






























