Jubilados aún en existencia que giran en edad alrededor de los 80 años, algunos más, otros menos, sufren de amargura y desazón al tener que tolerar la inequidad en relación de sus edades con las de ciertos personajes, uno de ellos de 30 años y el otro de un poco más. Trátase de los directores de la Ansés, el actual y el anterior, los cuales en conjunto manejan los destinos de los pasivos. Es de analizar que cuando esas personas mayores fueron trabajadores que aportaban religiosamente para tener una jubilación digna, estas criaturas no habían nacido. Estos personajes, al igual que en los gobiernos anteriores, hablan y disponen convencidos de que la caja que recauda los aportes jubilatorios es propiedad exclusiva del gobierno de turno. Cabe para ellos una frase que actualmente está en boga, que en este caso realmente es aplicable: “No se hagan los turros”. La caja en cuestión es patrimonio exclusivo de los jubilados aportantes. Para otros fines a los que es de considerar importantes y esenciales, el dinero sáquenlo del patrimonio acumulado de los políticos que se enriquecieron en forma escandalosa. Un país que quiere desarrollar la justicia al más alto nivel debe tener en cuenta que el 82 por ciento no debe tomarse en base al salario mínimo vital y móvil, sino sobre el sueldo que percibiría de acuerdo a convenio según su especialidad y categoría en relación al trabajador actual.






























