La mayoría de los adelantos tecnológicos que hoy disfrutamos provienen de las investigaciones científicas realizadas en la Academia Prusiana de Ciencias, ubicada en Berlín, por entonces capital del imperio alemán. A fines del siglo XIX y principios del XX pertenecían a dicha academia científicos y académicos notables de la talla de Albert Einsten, creador de la Teoría de la Relatividad; Max Planck, iniciador de los primeros pasos de la teoría cuántica; Conrad Röntgen, descubridor de la Rayos X; Heinrich Hertz, descubridor de las ondas electromagnéticas que abrieron el camino a la telegrafía sin hilos. La teoría de la relatividad, echaba por tierra algunos postulados de la física clásica marcando el programa de la futura investigación científica y aportaba datos fundamentales sobre la estructura del universo. Eran materia de discusión los descubrimientos que sentarían las bases teóricas de los formidables avances tecnológicos del siglo XX, como el rayo láser, las células fotoeléctricas, las telecomunicaciones, las radiografías a través de los rayos X en el campo de la medicina. Posteriormente, físicos como Otto Hahn, Fritz Strassmann, descubrieron la fisión del átomo, aportando conceptos importantes sobre la energía atómica, y Heisenberg formuló la teoría cuántica continuando las investigaciones que sus predecesores realizaron en las décadas anteriores. El imperio alemán, estaba situado a la cabeza en relación a la investigación científica con respecto a los demás países del orbe, y eso se traducía en una industria y técnica de primer nivel, convirtiéndolo en potencia mundial. Los científicos que ingresaban a la Academia de Ciencias de Berlín gozaban de prerrogativas y reconocimientos económicos que le permitían llevar adelante sus investigaciones sin sobresaltos propios de la vida cotidiana. Fueron numerosos los países que comprendieron que su futuro, como naciones, estaba en relación directa con la inversión y políticas de estado en la investigación básica y aplicada. En nuestra ciudad se ha conocido, hace pocos días, dos hechos científicos muy importantes generados por investigadores locales. El primero de ellos es el descubrimiento de "la forma tridimensional de las proteínas vinculada a la enfermedad de Parkinson para identificar las regiones donde se produce el proceso"... El director del Instituto de Microbiología de Rosario, doctor Claudio Fernández, jefe del equipo de investigadores que llevó a cabo el descubrimiento citado, realizó estudios en el Instituto Max Planck de Alemania. En la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Rosario, funciona el Centro de Sensores Remotos a cargo del arquitecto Carlos Cotlier y equipo. El mismo, fue seleccionado por la Nasa para realizar estudios satelitales relacionados con el desarrollo económico de la ciudad, sus zonas más calurosas y la quema de pastizales..En un país donde, muchas veces, la burocracia se transforma en una máquina de impedir, avances como los citados abren una instancia plausible de fundadas esperanzas y de promisorio futuro en el área de la investigación científica. Menos mal que nuestros investigadores hicieron caso omiso a las sugerencias de un superministro de Economía que, no hace muchos años, los mando a "lavar los platos".


































