La comunidad educativa de la Escuela 1.381 se halla inserta en un ambiente marcado por la extrema pobreza y marginación. La inseguridad crece día a día y los espacios de tiempo de hechos de violencia abarcan momentos antes impensados; sin ir más lejos, el viernes pasado, cuando los alumnos del turno tarde se retiraban a la hora de salida por el portón principal, por el portón lateral irrumpieron dos malvivientes con sendas armas de fuego intimidando y reduciendo al ingeniero y los obreros que tienen a cargo la obra de ampliación escolar, robando dinero, documentación y llaves de la camioneta de uno de los damnificados y amenazando permanentemente con disparar. El ingreso y egreso de docentes, no docentes y alumnos al establecimiento se ha transformado en un acto casi heroico, si se pretende, ingenuamente, considerar que "nada puede pasar". Los simples arrebatos con posteriores fugas son acciones del pasado y el accionar delictivo de estos días, con armas blancas y de fuego, trae aparejado golpes y agresiones con secuelas, muchas veces, irreversibles. Todo el personal desea, necesita y merece un marco de tranquilidad y seguridad cuando se dirige a cumplir con el trabajo que ha elegido. Estas garantías deben preservarse hasta el regreso al hogar después de cumplida la jornada. La comunidad confía, plenamente, en que todos y cada uno de los estamentos del Estado habrán de arbitrar los medios a su alcance para dignificar la tarea educativa y no permanecerán como simples testigos de una realidad que nos condiciona cada vez más y nos vuelve temerosos al intentar hacer ejercicio de dos derechos tan preciados para el género humano como lo son "el derecho al trabajo" y "el derecho a la educación".






























