Como nieta de inmigrantes, llegados a principio del siglo XX, procedentes de Europa, conservo los más gratos recuerdos, tanto de ellos como de sus paisanos, aquellos gringos laboriosos que aportaron tanto a nuestra ciudad, ayudando a construir un espacio digno para las familias que formaron. Heredamos sus principios y su espíritu de sacrificio. En la actualidad, Rosario es una ciudad con un altísimo índice de desempleo. Sin embargo, existe un potencial humano valioso que lucha para no quedar al margen del campo laboral. Mi pregunta está dirigida al gobierno de la ciudad: ¿qué explicación lógica puede tener la permanente apertura de nuevos comercios de origen chino, en sitios donde no se evalúa el daño que esto causará a los comerciantes argentinos, a rosarinos que vienen luchando desde hace años por tener un sustento digno? ¿Qué aportan a nuesta ciudad? ¿No pueden ubicarse en lugares específicos donde no esté en juego el futuro laboral de estos comerciantes? Todos sus ingresos son enviados a China, no existe un arraigo hacia nuestra tierra, sólo están de paso, un paso que a la larga se convierte en un trago amargo para muchas familias argentinas.






























