Hoy vivimos un tiempo donde predomina la consigna de la desconstrucción de la cultura. Es una sociedad líquida según el pensamiento de Bauman. Molestan los símbolos que, sobre todo, expresan creencias religiosas, específicamente los símbolos cristianos. No importa la sustracción social de esos símbolos porque subsiste la fe de los creyentes. ¿Podrá un decreto de gobierno erradicar esa fe de la intimidad de las conciencias? La política está avanzando sobre la libertad de los ciudadanos y pretende prohibir, en espacios públicos, los signos que sostienen sus convicciones. ¿Podrá impedir las manifestaciones masivas de los creyentes en las peregrinaciones a los santuarios marianos nacionales de la Virgen del Rosario de San Nicolás, de la Virgen de Itatí. en Corrientes, de la Virgen del Valle de Catamarca, de la Virgen de Luján, o la Virgen del Cerro de Salta? ¿podrán algunos políticos influyentes desestimar la fuerza ancestral de las creencias populares de la Pachamama, del Gauchito Gil, de Sanlamuerte? Por otra parte, notamos que emergen nuevas imágenes míticas indiscutidas, impuestas por sectores cuya ideología no abren a la confrontación. Los políticos tienen el deber de gobernar para el bienestar social de los ciudadanos y no pretender invadir el ámbito de la privacidad personal. Un pueblo que olvida sus símbolos culturales lentamente va perdiendo su identidad. Dios es el gran ausente de nuestra sociedad, por eso, el ser humano es cada vez mas objeto de acoso por la singular prepotencia de poder.
































