A veinte metros de mi ventana ha surgido un extraño preparado que despierta a las 7.30 de la mañana a todos los vecinos que desean prolongar un poco su sueño. Desde hace tres meses, en un local amplio que ha sido rápidamente acondicionado, se reúne una veintena de personas jóvenes de ambos sexos y comienza una sesión desconcertante y ruidosa. Se saludan a los gritos y van entrando en una especie de trance que repite cada vez las mismas etapas. Primero pensé en un equipo deportivo que se preparaba anímicamente para destrozar al próximo rival del fixture. Imaginaba que un entrenador explicaba jugadas de pizarrón y después los integrantes remachaban el aprendizaje con cánticos agresivos que los convertían en su propia hinchada. También me hice la idea de que se trataba de un grupo militarizado, practicando un "orden cerrado" de consignas a viva voz que los preparaba para atacar como si fueran autómatas mortíferos. Y hasta llegué a creer que era más bien una congregación de feligreses de alguna de esas iglesias muy bien subvencionadas desde el hemisferio norte para convertirnos a una fe lucrativa. Por lo que he podido averiguar en el vecindario, me equivoqué en todo. Mejor dicho, no, porque hay un poco de todo aquello en lo que está ocurriendo aquí. Dicen que se trata de algo así como un "Programa de ventas", donde se reclutan y adiestran vendedores de algún producto comercial. Y aquí llegamos al meollo "filosófico" de la cuestión. Vender ya no es "Dar a alguien algo que necesita, a cambio de una suma de dinero", como fue en el origen inocente y antiguo del intercambio comercial. Ahora se trata de convertirnos en consumidores compulsivos de lo que alguien nos quiere vender a toda costa para embolsar la mayor ganancia posible. Por eso nos asaltan con las ofertas, a toda hora y en todo lugar, por teléfono, por Internet, tapando con publicidades patoteras los edificios, el río, las rutas y los últimos resquicios de cielo que nos van quedando. Persiguen al pobre ciudadano –al que llaman consumidor- y lo asaltan, por cansancio o cuando lo encuentran con la guardia baja.
































