A medida que pasan los años y vamos adquiriendo la experiencia propia que nos da la edad, nos vamos dando cuenta que lo único que puede salvarnos de la situación de mediocridad y enfermedad social y ciudadana que padecemos, es la educación. No nos enseñaron algo tan simple como respetar las luces de los semáforos: verde: paso libre, amarillo: precaución, rojo: no se puede pasar. Esto va para los automovilistas, pero también para los peatones. Señores: en rojo no se debe cruzar la calle. Sí por la senda peatonal y cuando tenemos luz verde. Tendría que haber en la currícula del Ministerio de Educación una materia que se llamara Comportamiento Urbano, que se debería implementar desde el jardín de infantes y la primaria (haciendo reuniones con la familia) y continuar en la secundaria y la Universidad. Rosario está hermosa, aprendamos a cuidarla. No tiremos basura fuera de los contenedores, respetemos los semáforos, cuidemos como propio el mobiliario urbano, ¡es nuestra casa grande! A ver si de alguna manera aprendemos de una vez a convivir civilizadamente y lograr para todos una mejor calidad de vida. Además es real que las normas están, pero nadie las respeta y nadie las hace cumplir. A diario veo los policías de tránsito mirando impasibles cruzar mal a los peatones y no son capaces al menos de alertar con su silbato a los que cometen la infracción. ¡En rojo no se debe cruzar! ¿es tan difícil de entender? Sería absolutamente necesaria una sanción económica, tal vez de poco monto, pero que ayudaría seguramente a que de una vez por todas aprendamos a ser ciudadanos de primera.


































