Dos mujeres y un hombre cuyas identidades no trascendieron fueron detenidos el
fin de semana en el marco de la investigación tendiente a esclarecer el secuestro extorsivo del que
fue víctima, el pasado 27 de enero, Adrián Cristante, un joven empresario de la industria
frigorífica residente en la localidad de Arroyo Aguiar, en el departamento La Capital, y por el
cual se pagó un rescate de 75 mil pesos.
Para llegar a los sospechosos, la Unidad Especial
Antisecuestros de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE) focalizó la pesquisa en la lista de
llamadas hechas con un teléfono celular entre el momento del secuestro y el pago del rescate.
"Tenemos el caso esclarecido" dijo ayer una fuente judicial al portal de noticias Notifé.com. Y lo
ratificó el gobierno santafesino a través de un comunicado emitido por el Ministerio de
Seguridad.
Según lo que trascendió ayer, una de las mujeres detenidas
"alquiló" su celular a cambio de dinero y los captores utilizaron ese teléfono para hacer los
llamados de la logística del traslado. Sin embargo, para comunicarse con el padre de la víctima a
fin de acordar el pago del rescate utilizaron el teléfono del propio secuestrado.
"Los detenidos son de la zona de La Guardia, no podemos
hablar de una banda organizada aunque sí se encontró conexidad con un robo en perjuicio de otro
frigorífico, ocurrido el 20 de diciembre de 2008 en Santa Fe", informó una fuente policial.
Los hechos. La madrugada del 27 de enero Adrián Cristante llegó a su casa de
Arroyo Aguiar a bordo de su camioneta Toyota y percibió que algo anormal ocurría porque sus
cachorros boxer no salieron a recibirlo. Eran las 2.30 y ya estaba en la cocina de la vivienda
cuando una voz lo sorprendió: "Tirate al piso", le dijo un hombre con la cara semicubierta. Después
apareció otro maleante, también con el rostro a medio tapar, y un tercero que traía maniatada a la
esposa de Cristante. Todo eso mientras los pequeños hijos de la pareja dormían en su pieza.
Según pudieron reconstruir los pesquisas, los delincuentes
habían ingresado a la casa poco después de la medianoche y por el fondo, donde rompieron un alambre
perimetral y dejaron escapar a los perros. Entonces le pidieron al empresario "la plata de la caja
fuerte", a lo que el muchacho les dijo no tenerla en la vivienda.
A todo eso, la mujer de Cristante ya les había entregado a
los maleantes 3 mil pesos, que por esa hora bebían un champagne que habían sacado de la heladera.
Al no conseguir más plata, los delincuentes amenazaron a Cristante con llevarle a uno de los hijos,
pero su respuesta no se hizo esperar: "Llévenme a mí, mi papá va a pagar, es el dueño de un
frigorífico".
Secuestrado. Así las cosas, los secuestradores subieron al joven al Peugeot
307 de su esposa y se marcharon. "No te movés de acá y no llamés a la policía porque te vamos a
estar vigilando", le advirtieron a ella.
Un rato después, el teléfono despertó a José Cristante.
"Tenemos a tu hijo, escuchá: «Viejo, ayudame»", oyó el empresario y reconoció la voz de Adrián. Los
captores siempre usaron el teléfono del cautivo para comunicarse con el pagador.
El rehén fue aguantado en una casa de Monte Vera (pueblo
cercano a Arroyo Aguiar) y luego de pactar el pago, lo cambiaron de auto y lo llevaron hasta Santa
Fe. Dos maleantes fueron con él y lo bajaron en el terraplén de la avenida Circunvalación, frente
al barrio Santa Rosa de Lima. Allí, le dijeron: "No tenemos nada contra vos, pero si tu viejo no
paga, te boleteamos". Esperaron entonces el llamado de su cómplice, el que recibieron poco después.
"Loco, tu viejo cumplió. Te vamos a dejar atado para que nos des tiempo de irnos. Le vamos a decir
donde estás. Cuidá a tu familia, que es muy linda", fue lo último que le dijeron.
José Cristante había cumplido: dejó caer en el vivero
Silvina (kilómetro 0 de la ruta provincial 1, en La Guardia) un bolso con 75 mil pesos. "Pagá, y
mañana hacés la denuncia", le habría aconsejado en esas horas de incertidumbre un alto funcionario
del Poder Judicial que, además, es amigo del empresario. Eran las 7 de la mañana y el secuestro
había llegado a su fin.
Ese mismo día Adrián Cristante contó su odisea ante el
fiscal Norberto Nisnnevich, quien pidió la instrucción del caso al juez de turno. La causa recayó
entonces en el juzgado de Pedro Guevara, quien en 15 días sólo ordenó "una inspección ocular, un
croquis del lugar y fotografías de la casa". Ante la inactividad del expediente, el procurador de
la Corte le pidió a la fiscal María del Carmen Bertone que se hiciera cargo del caso y la
funcionaria convocó a la TOE que realizó los allanamientos el fin de semana que terminaron con los
tres detenidos.