Muchos hoy te despiden sin haberte conocido y muchos otros te aplauden sin jamás haberte escuchado. Muchos critican tu ideología porque en realidad no entienden cómo pudiste mantenerla toda tu vida, cuando ellos venden la suya al mejor postor todo el tiempo. Pero la generación de argentinos que crecimos bajo el acoso de las dictaduras, nunca te olvidaremos. Fuiste nuestra voz en el exilio, nuestro grito desgarrado con cada desaparecido, nuestro llanto desconsolado frente a la injusticia. Fuiste esperanza y lucha; serenidad y constancia. Fuiste nuestra libertad reprimida y nuestras ideas censuradas. Por todo eso, te estaré eternamente agradecido y te despido con un poema de Hamlet Lima Quintana que bien podría describir el camino por el que transitó tu vida: "Hay que llegar a la cima, arribar a la luz, darle un sentido a cada paso, glorificar la sencillez de cada cosa, anunciar cada día con un himno. Hay que subir por esa calle ancha, dejar atrás el horror y los fracasos, y cuando entremos cantando por la cumbre, estirar las manos hacia abajo para ayudar a los que quedaron rezagados".



























