En los últimos días de diciembre muchos medios mostraron con desánimo el fracaso de la cumbre de Copenhagen para revertir el cambio climático. La emisión de combustión y gases tóxicos produce lo que se conoce como efecto invernadero. Esto es provocado por las fábricas y por los vehículos que se alimentan de combustibles derivados del petróleo. Es una recomendación de todas las organizaciones ecológicas evitar el uso de vehículos particulares, haciendo el traslado en transporte público, bicicletas o a pie. Ahora bien, hace muchos días que se viene fomentando todo lo contrario con la difusión de un acontecimiento altamente contaminante: el Dakar 2010. ¿No sería coherente empezar a exigir, desde diversos sectores, por la suspensión de todo tipo de actividades deportivas que utilicen combustibles fósiles y contaminen? ¿No resulta absurdo lamentarse por los resultados de la cumbre y a la vez alentar a ociosos gentleman que compiten desmadrando todo a su paso?


































