El doctor Andrés Finzi, de origen cordobés, nació en 1979 y las vueltas de la vida lo llevaron a Francia. Estaba en modo alguno influenciado por la medicina que ejercitaba su madre, médica alergista. Por la mismas razones que viajó a ese país regresan a la Argentina, más precisamente a Neuquén, donde Andrés hizo la primaria en una escuela pública, y también el secundario. En un intercambio cultural viajó y vivió en Quebec. Luego hizo sus estudios universitarios en Montreal sobre virología. Entre 2007 y 2011 cursó un posdoctorado en Harvard. Ahora tiene su propio laboratorio en la Universidad de Montreal. Dos de las razones más importantes por las que se quedó allí fue el amor y la dedicación a su especialidad, virología, y a quien es su esposa. Como siempre no podremos decir que se doctoró aquí y se fue con sus conocimientos a otro país a hacer su agosto. En todo caso la humanidad deberá a este joven reconocerle el empeño que puso en investigar cómo combatir el sida. No soy yo el ilustrado para expresarme en términos científicos. Sólo diré que comparto el orgullo como argentino de ser su compatriota, sin duda hay muchos ejemplos cundiendo por el mundo de otros pares de este país. Hoy el mérito del doctor Finzi es esto, un gran descubrimiento para toda la humanidad, mientras otros se empeñan en destruirla. Por favor, le ruego que se quede en Canadá, es más útil su conocimiento en el otro extremo del continente. Gracias en nombre de la especie humana.



































