Es inconcebible y funesto que los estudiantes rosarinos por sí solos y ante la impotencia de las autoridades educativas y pasividad o indiferencia de los padres falten masivamente a clases un día predeterminado y además muchos de ellos cometan toda clase de excesos y desórdenes. Una avalancha comienza con una bola de nieve. Si dejamos continuar con este fenómeno social quién sabe lo que vendrá. Potenciados por las redes sociales tal vez mañana a nuestros jóvenes se les ocurra otras patalogías tales como no asistir a clase los viernes o lunes. Lamentablemente la clase política y muchos padres alimentan estos males, como por ejemplo la falta de apoyo a los docentes por sus autoridades y por madres cuando se producen conflictos en las escuelas o el otorgamiento del derecho al voto, a elegir a nuestros gobernantes otorgado a jóvenes inmaduros y desinformados. No abundemos en lo que ocurre en los mal llamados viajes de estudio o en los boliches que pervierten a los jóvenes transformándolos en murciélagos, hipoacústicos y muchos de ellos en alcohólicos, adictos a drogas o al sexo y a posteriori en delincuentes. Lo expuesto en beneficio exclusivo de malos operadores turísticos o comerciantes de la noche. No bastan con los diagnósticos en los cuales hay bastante coincidencia. O llorar por la leche derramada. Hay que tomar medidas drásticas, a grandes males grandes remedios. Hay que volver a lo bueno del pasado. Disciplinar y poner en caja a los jóvenes y también a sus padres. Acabar con la contracultura de la noche. Imponer el cierre de los boliches a principio de las madrugadas. Proscribir la música (ruido) de alto volumen. Impedir el funcionamiento de bares después del cierre de los boliches para dificultar que continúe la ingesta de alcohol. Como lo sugirió otro lector, colocar cámaras, policías e inspectores en las estaciones de servicio para controlar el uso efectivo de cascos en los motociclistas, chapas patentes, escapes, vigencias de seguros y documentación amén de control de alcoholemia y otras substancias en vehículos, conductores y acompañantes. Toque de queda después de cierta hora para menores que no estén acompañados por mayores como se ha implementado en otros países. Que los colegios dejen de facilitar los mal llamados viajes de estudio. Y por supuesto acabar con el vergonzoso día de la chupina y otras aberraciones. Está visto que los docentes y muchos padres no quieren o no pueden disciplinar a los jóvenes. Entonces no queda otra que las restantes autoridades: que el poder político, la Justicia y la policía se involucren activamente. Debe actualizarse el Código de Faltas. No me vengan con la monserga del autoritarismo o seudodemocracia del falso progresismo. En toda sociedad próspera hay libertad pero no libertinaje, hay elecciones pero también jerarquías y orden, no caos y anarquía, rigen premios, estímulos, castigos y represiones de faltas. El porvenir de nuestra Patria, de nuestros hijos y nietos y de nosotros mismos está en juego.
































