La catástrofe que ha creado zozobra, tristeza e indignación en nuestra ciudadanía se ha originado por la displicente actitud de los gobiernos en los distintos estamentos: nacional, provincial y municipal. En su falta de preocupación para resolver los problemas que aquejan a la población. La cantidad de muertos y desaparecidos, cuya dimensión se desconoce u oculta, pero que según voceros del pueblo que han sido víctimas son muchos más de lo que se reconoce oficialmente. Son las víctimas de una tragedia que bien pudo ser evitada, como en la inundación en Santa Fe gobernada entonces por Reuteman. Basta señalar que la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires hace muchos años advirtió sobre posibles catástrofes al entonces intendente de La Plata, hoy ministro de Justicia de la Nación, debido a la proliferación de construcciones sin previsiones sobre la sustentabilidad de las infraestructuras que hacen a los desagües y/o evacuación de las aguas. También ingenieros de la Universidad de La Plata advirtieron al entonces intendente de la misma sobre lo que se avecinaba por permitir edificaciones en forma descontrolada. En fin, todo se ha hecho en función del negocio inmobiliario, como así ocurre en Rosario, sin tener en cuenta los perjuicios que se ocasionan a los barrios pobres, con viviendas precarias, sin cloacas, quedando a merced de cualquier fenómeno natural. Total los enormes subsidios en lugar de ir a obras públicas van a parar a grandes monopolios empresarios, de la minería, del transporte y del juego regenteados por capitalistas amigos del poder. Para abajo, sólo impuestos, miseria, drogas y todo aquello que produce la degradación de nuestra sociedad. ¿Será por eso que se denomina nacional y popular?































