El pasado 3 de junio fue el Día del Inmigrante Italiano, hecho que me movió a la siguiente reflexión: El Corriere della Sera, prestigioso diario italiano, publicó el pasado 3 de noviembre un artículo donde el cacique, perdón el “lead” Branko Milanovic (economista del Banco Mundial) sostiene que el 5% de los italianos más pobres (tres millones) es más rico que el 25% de los argentinos (10 millones) y aconsejaba al tercer mundo emigrar a Europa. Escribía el famoso Trilussa (popular poeta italiano) que si el vecino se come dos pollos y yo me quedo en ayunas, la estadística asegura que ambos nos comimos un pollo cada uno. El señor Milanovic, gran prestidigitador de números, desconoce un pequeño detalle, que para los interesados es el más importante: el poder adquisitivo. En Italia y en el resto de Europa occidental todo es carísimo. Los impuestos son criminales para todos, ricos y pobres. Hasta los perros pagan impuestos. Alguien afirmó que lo único no tasado es el aire (por ahora). Alguna odiosa comparación: un kilo de carne en Italia cuesta 50 euros, en Argentina 50 pesos. Un kilo de pan en Italia, 7 euros y en Argentina, 16 pesos. Cigarrillos 7 euros el atado, contra 16 pesos aquí. Alquiler de un departamentito: 1.000 euros contra 1.500 pesos. Sueldos mínimos 1.200 euros contra 4.000 pesos. Estacionamiento prohibido, en Italia, multa de 90 euros (en Mantova, pequeña ciudad) y en Rosario, gran metrópoli, 20 pesos. En Italia no puedes vestirte modestamente, pena la discriminación. Zapatos, vestimentas, todo firmado y muy caro, también para los pobres. Nunca digas soy pobre, serás marginado. En Argentina, cada uno hace su moda a su gusto y de acuerdo a su bolsillo, sin recibir comentarios, con gran ahorro. El rígido invierno de Milán y su zona, lugar de gran inmigración, representa un fuerte gasto para la calefacción, mientras que en la parte más habitada de la Argentina no nieva nunca, con buen ahorro de combustible. En Argentina hay menor desocupación y menor racismo en el momento de tomar a un empleado. Las clases más bajas de Argentina habitan en amplios y pobres conglomerados y no pagan alquiler ni impuestos, ni energía eléctrica, pues se toleran las conexiones ilegales. Acá nadie se avergüenza de ser pobre, por eso envían a sus hijos a los numerosos comedores populares. También pueden enviar a sus hijos a la escuela y universidades, pues son gratuitas y así es más fácil salir de la pobreza. En Italia la facultad es bien cara. Si tú, emigrante, tienes un hijo nacido en Italia, no será italiano (jus sanguinis), mientras que si nace en Argentina será argentino, con el derecho automático del subsidio correspondiente. Si en Argentina te equivocas en pronunciar una palabra nunca nadie te corregirá; mientras que en Italia... son todos detalles, detalles que “el zar de las estadísticas” no alcanza a conocer, sumergido en su mar de números; detalles que pesan y mucho en el cotidiano vivir de aquellos que menos tienen. Conclusión: ¿Italia o Argentina? ¿O mejor un honorable empate? Aclaro que soy italiano no naturalizado argentino.
































