Con seguridad no soy la única víctima de esta reconocida zapatería de Rosario donde la falta de calidad de artículos que llevan su marca va de la mano con la falta de calidad en la atención hacia sus clientes. El viernes 19 del corriente compré unas sandalias, que exceden el valor de los 250 pesos, para usarlas en la boda de mi prima. El calzado apenas duró lo que duró la ceremonia en la iglesia. De golpe sentí que ya no podía caminar porque el taco de la sandalia se me desviaba hacia adentro y me hacía perder el equilibrio. Cabe destacar que estoy embarazada de cuatro meses y que el evento era en una ciudad a 100 kilómetros de Rosario, por ende, no tenía posibilidad de cambiarme los zapatos. La mayor indignación ocurre cuando me acerco al lunes siguiente al local del shopping para hacer el cambio y presentar la queja. Me contestaron que ellos sólo se hacen cargo del arreglo del calzado que fue usado aproximadamente una hora y media, ya que estuve durante toda la fiesta descalza. Sin ser una especialista se puede detectar un error de fábrica y una estafa bien calzada.
































