El domingo 19 del corriente, cuando leo la nota referida a la polémica obra del artista Guzmán, en donde Superman besa en la boca a Cristo, no pude evitar sentir impotencia y tristeza. Es impensable que en el siglo XXI todavía existan individuos que ataquen a la libertad de expresión como lo hace el señor Grisolia. Lamentablemente, estas personas que creen poder decidir lo que es moral o inmoral, y más grave aún, lo que podemos ver, crear, pintar, pensar, etcétera, han participado y participan aún hoy del vaciamiento de la cultura produciendo el "homo no sapiens", un ser vulnerable y privado de bagaje intelectual que desprecia lo que no comprende y rinde culto a la vulgaridad. Hechos de esta índole dejan al descubierto que desde los albores de la humanidad venimos educando a nuestros hijos con esa receta que encierra prohibiciones y condenas, cielo e infierno, y mal podemos esperar que una formación fundamentalista no logre perturbar y deformar el pensamiento de muchos seres que viven sus deseos con culpa además de confundirlos hasta tal punto de desconocer los códigos y señales más íntimas de su instinto. Este tipo de conductas en estos individuos evidencia una lamentable maldad contra todo tipo de expresión fuera del marco católico (tan acotado por cierto), pero parafraseando a Sócrates: "El hombre es malo porque no sabe, si supiera, no lo sería".
































