El lunes 25 de octubre, cerca de las 18 y a la salida del Colegio Goethe (Colegio Alemán), por calle Tucumán, me tocó ver un hecho de verdad revelador de la falta de urbanidad, respeto y consideración total respecto hacia los otros. Esperando a un niño de entre 6 y 7 años, alumno de la escuela, se encontraba en la acera opuesta un hombre joven, en una moto, con un perro pitbull blanco de medianas proporciones, sin bozal y suelto en la vereda. El hombre subió a la criatura atrás y puso al perro entre sus piernas para irse; no llevaba casco, el perro iba colgado y así se incorporó a la tupida fila de autos que a esa hora y en esa zona transitan por calle Tucumán. Este hombre, joven pero adulto, desafió todos los peligros posibles: sin casco, con una criatura atrás sin protección, un perro considerado peligroso suelto, frente a una escuela de donde salen muchísimos niños, a la entrada de una mutual, sobre una vereda por la que pasa gran cantidad de transeúntes. Tomé la patente del vehículo para hacer la denuncia ante quien corresponde; pero no puedo callarlo a la opinión pública para pedir que se tenga mayor cuidado y supervisión por parte de quienes reciben un sueldo para evitar que esto suceda o para penalizar a los infractores de las normas poniendo en riesgo la vida e integridad de tantas personas. Yo venía caminando por la misma vereda en la que el motociclista había estacionado su vehículo frente a la mutual y me vi obligado a cruzar la calle porque me pareció de verdad riesgoso pasar frente al perro, que en definitiva, no tiene la culpa de tener semejante amo.


































