La Santa Sede creó ayer una nueva oficina de supervisión de sus finanzas y emitió nuevas leyes para cumplir con las normas internacionales en contra del lavado de dinero y el financiamiento a grupos terroristas.
Los decretos, que entrarán en vigencia el 1 de abril venidero, fueron aprobados justo cuando el banco del Vaticano es investigado por lavado de dinero tras un caso que resultó en la confiscación de 23 millones de euros (31 millones de dólares) y en la mira a dos altos funcionarios.
El papa Benedicto XVI firmó los documentos ayer, afirmando que el Vaticano quiere unirse a otros países que han combatido los vacíos legales que han permitido que los criminales exploten el sector financiero.
Varias organizaciones financieras internacionales reconocieron la medida y dijeron que el Vaticano había dado un paso en la dirección correcta.
El decreto crea un organismo supervisor independiente: la Autoridad de Información Financiera, que tendrá la responsabilidad de asegurarse que todas las transacciones financieras de la Santa Sede —entre ellas las del banco del Vaticano— cumplan con las nuevas leyes.
La nueva oficina de vigilancia también será la unidad del Vaticano que colaborará con la Unión Europea y otras organizaciones internacionales.
El vocero del Vaticano, padre Federico Lombardi, subrayó que las nuevas normas y la creación de la autoridad no están relacionadas con la confiscación en septiembre de una cuenta del Vaticano.



































