El 13 de octubre del 2010 merece quedar grabado en la historia como una fecha merecedora de un alto valor humanístico. La colaboración desinteresada de varias naciones, a través de aportes técnicos, coadyuvó para que se realizara el proyecto de salvataje de treinta y tres trabajadores mineros. Permanentemente los hombres nos hemos enfrentado en sucesivas guerras por distintas sinrazones y actualmente se invierten fortunas ante posibles actos bélicos. Pero resulta que ahora el feliz acontecimiento que tuvo lugar en Chile nos movió a comprender que todos los seres humanos integramos una gran familia que puede resolver todos sus problemas, por más complejos que resulten, mediante el diálogo constructivo y la ayuda mutua, todo iluminado por el valor incuestionable del afecto. Estamos viviendo un momento de la historia en el cual puede generarse una valiosa transformación de la mente humana ya que se ha demostrado que está surgiendo un sincero interés para que se solucione el dolor ajeno. Es lo que pudimos apreciar el 13 de octubre a través de las pantallas de los televisores de todo el mundo pendientes de lo que ocurría en el desierto chileno.






























