El sismo que devastó Haití convirtió también en noticia a los ocho temblores que esta semana sacudieron levemente a ciudades argentinas tan distantes como Ushuaia y San Salvador de Jujuy. "Ahora estamos hablando de estos sismos porque ocurrió lo de Haití. Si no hubiera sucedido ese gran sismo, los medios no me estarían llamando para preguntarme por estos otros sismos que son habituales en la Argentina", advirtió ayer el ingeniero Alejandro Giuliano, director del Instituto Nacional de Prevención Sismológica (Inpres), con sede en la ciudad de San Juan, en diálogo telefónico con La Capital.
—¿En la zona de mayor actividad sísmica del país, como la de Cuyo, puede haber entre 25 y 30 sismos leves por día?
—Sí, en nuestra zona tenemos entre 25 y 30 sismos diarios, que no son percibidos por la gente. Y cada tanto también tenemos los sismos sentidos. Por ejemplo, en marzo del año pasado tuvimos un sismo como los de esta semana, pero no fue noticia.
—¿Cómo están preparadas para un sismo ciudades con construcciones relativamente antiguas como Rosario y Buenos Aires?
En primer lugar, Rosario y Buenos Aires están en una zona cero, que no es asísmica pero que tiene una actividad sísmica muy reducida, y allí las construcciones normales no van a tener problemas.
—¿Cuáles son las construcciones normales?
—Las que tienen un buen estado de mantenimiento y, por ende, no están muy deterioradas. De hecho, a pesar de que están en una zona cero, obras como el puente Rosario-Victoria, la central nuclear de Atucha y el túnel subfluvial Santa Fe-Paraná fueron construidas con sistemas sismorresistentes.
—¿Cuál es la principal diferencia en la estructura de una construcción sismorresistente y una que no lo es?
—La construcción sismorresistente debe ser diseñada de forma tal que su estructura se puede dañar sin colapsar. Por ejemplo, si usted toma un clip de acero y lo dobla, puede deformarlo sin que se rompa. En cambio, si toma una tiza y hace lo mismo, se parte. Eso fue lo que pasó con el 70 por ciento de las construcciones de Puerto Príncipe, durante el terremoto en Haití: como la tiza, un instante antes esta entera, y en el siguiente se partió. Las casas y los edificios no tuvieron un estado intermedio: estaban de pie y luego colapsaron.
—¿Hay un mayor riesgo de sismos después del terremoto de Haití?
—Haití y Argentina no tienen nada que ver porque son placas distintas. Ayer mismo (por el miércoles) hubo un sismo en Santiago del Estero y a 600 kilómetros la gente ni se enteró. Lo mismo pasó en Jujuy, Tucumán, La Rioja, San Juan y Mendoza. Son sismos menores, que la gente no los percibe y por lo tanto no existen como noticia. Y para la zona de ustedes es mucho peor un sismo fuerte importado que uno leve local. Así pasó en el terremoto de Caucete, en el 77, cuando los edificios altos tuvieron una gran oscilación. Hace tres años hubo un sismo fuerte en Santiago del Estero que provocó pánico en edificios de Buenos Aires como Catalinas y Puerto Madero.
—¿Esta gran actividad sísmica aumenta el riesgo de un gran terremoto en las zonas más proclives de nuestro país?
—Sí, algún día vamos a tener un sismo de mayor intensidad.