Hace tres años que mi padre está bajo seguimiento oncológico en el sanatorio Plaza. La médica que lo atendía lamentablemente enfermó y lo derivaron con otra doctora. El día 28 de febrero, mi padre tenía turno por primera vez con dicha médica para que revisara los controles anuales que se realiza. Esta "señora" se quejó como si fuera culpa de mi padre porque no tenía su historia clínica. En ningún momento mostró interés por buscarla o pedirle a alguien que lo hiciera. Alegó que estábamos perdiendo el tiempo porque ella era médica de "tetas", y además se jubilaba a fin de año, textuales palabras. Demás está decir que no miró análisis, ni resonancia, en pocas palabras se negó a atender a mi padre, que después de varias horas regresó a su hogar descompuesto por la impotencia, el manoseo y el maltrato. Señora doctora, en tantos años de carrera, ¿no aprendió que el paciente oncológico y sus familiares viven esos controles con tremenda angustia y ansiedad? ¿No aprendió que el que está del otro lado es un ser vulnerable que necesita contención? ¿No aprendió lo que es el dolor del que transita una situación como esta? La cuestiono, no sólo por no haber querido atender a mi padre, sino también porque no tuvo la humanidad necesaria como para transmitir, al menos, tranquilidad. Creo que no era mucho pedir. Querida doctora, ojalá lea mi carta y que recuerde que al recibirse hizo un juramento, el cual no expira porque se jubile a fin de año.
































