La única persona que hasta anoche era requerida por el juez Javier Beltramone en
el marco de la investigación por el crimen de Roberto Pimpi Camino y que todavía no había sido
localizada por la policía es Adrián El Gordo Apio, un hombre ligado al círculo íntimo del ex líder
de la barra brava de Newell’s y que supo compartir el paraavalanchas del Coloso. Sin embargo,
horas antes de presentarse ante el magistrado, el prófugo habló con La Capital en el marco de un
escenario casi misterioso: sobre un vehículo que era conducido por un allegado al entrevistado y
mientras transitaba una ruta del oeste de la ciudad.
El Gordo Apio es robusto y tiene 38 años. En el diálogo con este diario, del que
también participó un colega de El Ciudadano, reconoció que la madrugada del viernes estuvo en el
bar Ezeiza cuando fue asesinado Camino, pero que no presenció el momento en el que cinco balazos
atravesaron el cuerpo del ex jefe de la barra brava. También recordó haber conocido a Pimpi cinco
años atrás, "en la cancha" de Newell’s y que desde entonces los unió una "amistad"
inquebrantable.
Apio recordó que cerca de las 2 del viernes llegó al bar Ezeiza después de comer
un asado. En ese momento, dijo, Pimpi ya estaba sentado a una mesa acompañado de tres amigos, a dos
de los cuales él no conoce mientras que al otro sólo lo conoce "superficialmente, de vista".
Entonces él se incorporó a esa mesa y comenzó a conversar con Camino, que estaba "fajado" a raíz de
la operación que le habían realizado.
—Me dijo que estaba muy mal porque había tenido una fuerte discusión con
Japo por cuestiones de plata. Y que Japo (un allegado a Camino que ayer también dio su versión del
hecho, ver abajo) le había dicho que lo iba a mandar a matar.
El Gordo Apio no precisó el origen de la deuda que Japo tenía con Pimpi y señaló
que los dos hombres se habían reunido el día anterior al crimen en la casa del deudor. Del
cónclave, según dijo, participaron las parejas de ambos hombres.
Una hora y media antes de que mataran a Camino, Apio estaba jugando al pool en
el bar Ezeiza. A su lado estaba Orlando David Gutiérrez, conocido como El Toro, uno de los dueños
del comercio y también prófugo. Un rato después, Pimpi "salió solo" a la calle y entonces un
sicario lo mató.
—¿Qué hizo usted cuando se produjo el ataque?
—Escuché cuatro o cinco tiros. Salí a la calle y lo vi a Roberto tirado en
el suelo.
—¿Usted lo auxilió?
—No pude. Me descompensé, me bajó la presión y comenzó a salirme sangre de
la nariz porque soy diabético. Entonces me tuve que meter adentro del bar porque me sentía mal.
—¿Conoce a las personas que lo llevaron al hospital?
—No.
—Cuándo usted se recuperó, ¿qué hizo?
—Fuimos con El Toro al hospital (Carrasco). Cuando aparecieron los
familiares de Roberto me trataron de traidor. Después llegó Japo, me pegó un puñete y me amenazó de
muerte.
—¿Por qué lo amenazaron y trataron de traidor?
—No sé por qué dijeron que era un traidor. Yo lo cuidé a Roberto los 56
días que estuvo internado en el Sanatorio Plaza (en 2007, tras ser baleado a la salida del bar
Tokio de España y Santa Fe).
—¿Pimpi tenía enemigos?.
—Sí, pero no sé quiénes.
—Cuando lo mataron a Camino, ¿en el bar estaba Angelito Negro (el detenido policía
Alejandro Urquiza)?
—No. Se había ido un rato antes.
—¿Cuál es su actividad?
—Trabajo en forma independiente como pintor.
Adrián remarcó una y otra vez que no tiene vinculación con el homicidio de
Camino y que no es un fugitivo de la Justicia. Por eso anunció que hoy se presentará en el juzgado
de Instrucción Nº9, a cargo de Javier Beltramone. "Cuando allanaron mi casa, el miércoles, yo no
estaba. Pero se encontraba mi papá", sostuvo. El Gordo Apio también aseguró que no tiene prontuario
abierto. "Yo nunca me peleé con nadie", explicó.
También expresó su anhelo de que se esclarezca el homicidio del que dice ser
ajeno. "Yo no tengo nada que ver. Quiero que se haga justicia,", repitió varias veces antes de
poner fin al diálogo con La Capital.
Por temor
El Gordo Apio aseguró a este diario que "siente temor" a raíz de las
intimidaciones que recibió en la puerta del hospital Carrasco tras el crimen de Roberto Camino.
"Decidí entregarme (a la Justicia) porque tengo miedo por mi integridad física y por la de mi
familia. Yo era muy amigo de Roberto y no sé porque me están amenazando", afirmó.