“El hecho de poder contar con este tipo de jugadores dentro del plantel, que saben manejar las ansiedades y el nerviosismo propio de un final de campeonato, es algo que evaluamos desde el principio y que estamos seguros de que nos dará buenos resultados”. Las palabras de Juan Antonio Pizzi durante la semana obraron de reflejo sobre lo que remarcó cada vez que pudo. Pero a la vista de los resultados, y siempre atendiendo que mientras hay vida hay esperanza, el tiro hoy sale por la culata. ¿Cómo explicarlo? Sencillo. En el momento de mayor tensión, ante un equipo que llegó último y con sólo cuatro victorias en el torneo, la presión hizo de las suyas. Que en el fútbol no haya verdades absolutas no invalida la idea de que muchos de los errores cometidos fueron producto del peso de las responsabilidades.





















