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El día en que Rita La Salvaje y Rita Cortese se hicieron amigas

"Esto es para usted", le dijo la actriz Rita Cortese a Rita La Salvaje mientras le entregaba un ramo de rosas rojas y una caja de bombones. La reina de la noche le respondió con la misma sonrisa que reproducen sus fotografías de los años 50, cuando encendía los ánimos de los clientes de los cabaret de Pichincha cantando "porquerías" y chispeando como el champán...

Domingo 22 de Febrero de 2009

"Esto es para usted", le dijo la actriz Rita Cortese a Rita La Salvaje mientras le entregaba un ramo de rosas rojas y una caja de bombones. La reina de la noche le respondió con la misma sonrisa que reproducen sus fotografías de los años 50, cuando encendía los ánimos de los clientes de los cabaret de Pichincha cantando "porquerías" y chispeando como el champán que tanto le gustaba.

Las dos Ritas. Abrazos y besos en la tarde de un jueves que amenazaba quebrar récord en temperatura, un escenario difícil para hacer visitas. "Quería conocerla", dijo la actriz. Y explicó que desde el año pasado dirige una escuela de teatro a una cuadra de la pensión donde vive Juana González; verdadero nombre de la mujer que fue blanco de todas las miradas y dueña del silencio del Rendez Vous cuando cada noche se desnudaba bailando mambo.

"Fui la primera", le aclaró la bailarina a la actriz, como si fuera necesario. Cortese le señaló que la gente la admira y la quiere, que ocupa un lugar en la cultura popular y que su personaje de Rita La Salvaje va y viene en la delgada frontera entre la realidad y el mito. Juana la miró, no la reconoció hasta que le aclararon que la mujer que le hablaba con tanta calidez protagonizó, entre otros tantos éxitos, la telenovela Montecristo.

"Las flores son para Evita y para mi mamá", dijo Juana agradecida y la actriz acordó con la intención del homenaje. Entonces un lazo invisible las convirtió en dos descamisadas, bajaron el cuadro de Eva y posaron para las fotos. "¿No era un alma bendita?", preguntó la mayor de las Ritas señalando a la líder del peronismo. "Por supuesto que sí", asintió la otra.

A esa altura ya eran dos amigas tomando mate. Cortese con oficio y ternura quiso conocer los momentos de gloria de la Rita de Pichincha. Cómo iba vestida, qué decía, qué hacía, dónde empezó. "Bailé en todos los cabaret de Rosario, empecé en el Paraíso y terminé en el Teatro Casino, cuando cerró en 1966", respondió la mujer que ya pasó los 81 y está orgullosa de su piel tersa y blanquísima, su pelo dorado, sus piernas sin várices y su pasión actual y antigua.

 

 

Prostíbulos. "¿Y sobre Madame Safó?", quiso saber la actriz. Ahí Rita se plantó. Ella conoció el lugar pero jamás en su vida pisó un prostíbulo, aclaró y le hizo saber que lo suyo era el canto de porquerías. "Viuda chueca, histérica, preñada, solterona y ando buscando un maaaacho, acá no veo ningunooo con algo así...", tarareó la bailarina a modo de ejemplo haciendo un gesto con las manos que ella misma y los demás festejaron a pura risa

  "Yo también canto", retrucó Cortese, que pisa fuerte en el tango. Anoticiada, Rita La Salvaje buscó en su memoria la letra de Cobardía. "No sé que daño he hecho yo pa’ merecer esta cadena inaguantable de dolor, que cuando no te beso no puedo respirar...", entonó echando mano a unos agudos cascados que llamó ecos. Cortese se sumó. Dos minas potentes en acción. La actriz llamó por celular a la cantante Dolores Solá y le hizo escuchar el dúo para sorprenderla a la distancia.

  El diálogo siguió aunque a veces Rita La Salvaje torció el rumbo. Pudo ser la memoria, o tal vez el dolor de un presente que pesa como un pasado cuando se queda sola entre recuerdos apiñados en cajas y el altarcito a Jesús y a Eva Perón con flores de plástico que ocupa casi todo el espacio de su pulcra pieza de pensión.

 

  "¿Qué me puede contar del Rosario de aquella época"?, buceó la actriz. Para Juana González, entre aquellas veladas en las que sacaba lustre a los cabaret con sus famosos números del ventilador humano y el caramelito y la actualidad, hay un abismo. "Ahora es una asquerosidad, algo que nunca se vio. ¿Le parece correcto que vendan droga por 80 centavos a los chicos de siete años?, preguntó asombrada.

  Al final le dio el gusto a Cortese. Discépolo, El Chúcaro, Nélida Roca, Niní Marshall, Astor Piazzolla, cabaret extranjeros, políticos, dos amores fallidos, de todos ellos pudo dar cuenta. Entre una y otra referencia deslizó nombres cercanos a su afecto que recuerda por distintas razones. "Me ayudó Enrique Llopis", dijo como prólogo al relato más denso de su vida.

  "Pasé tantas cosas. Estuve internada tres veces, me dieron por loca y por muerta, me robaron todo, plata, pieles, joyas, mejor no recordar", indicó. Trascartón, hizo un salto en la conversación e inquirió: "Vos tenés muy lindo cutis también, ¿qué crema usás?". Cortese la miró desconcertada. Pero La Salvaje también quiso saber en qué consistían las clases de teatro que dicta su homónima en Rosario. "¿Les enseñás a caminar y todo eso?". "A caminar, a tener confianza en sí mismos y a ser buenas personas", contestó la actriz antes de dejar la piecita.

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