No... no es un cuento. En apoyo a la carta titulada “El demonio y los exorcismos”, publicada el pasado miércoles 4 de junio, deseo agregar algunos conceptos. Beelzebú, el adversario, el dragón, el diablo, Satanás, el maligno, el malo, la serpiente antigua, el príncipe de este mundo, el príncipe de la potestad del aire, el dios de este siglo, la bestia, el inicuo, el engañador, el padre de mentira, el acusador, etc., son los nombres más comunes que la Biblia da a nuestro gran enemigo. Este poderoso ser espiritual de gran inteligencia, más allá de la representación mefistófena que tenemos de él, es un caballero de guantes blancos que se sienta en los tronos de la tierra, en las mesas diplomáticas, en muchos hogares y también donde menos lo imaginamos. El dirige como comandante en jefe un gran y muy organizado ejército de seres espirituales, que son los ángeles caídos que arrastró con el. En el Libro de Efesios (Ef.6:12) se nos habla al respecto describiendo sus diversos rangos y así nos encontramos con “principados”, “potestades”, “gobernadores de las tinieblas de este siglo”, y “huestes espirituales de maldad” (estos últimos serían los soldados rasos de este siniestro ejército encargados de toda clase de maldad). Satanás siempre estuvo en acción, siendo su misión fundamental el alejar a los hombres del amor y del perdón salvador que Dios ofrece a través de Jesucristo. Efectivamente, las Sagradas Escrituras dan cabal cuenta de la existencia satánica y no cabe duda alguna sobre la presencia y el accionar demoníaco en nuestro tiempo lleno de mentira, violencia y maldad. Su presencia está en medio del horror cotidiano, y si bien sus estrategias y perversas maquinaciones son muy sutiles y astutas, lo más peligroso de este nefasto ser es que, como nos advierte la Biblia, él se disfraza de ángel de luz (2Co11:14) y así introduce en un mar de verdades una gota de mentira fatal (una dosis de cianuro entre hojaldres y chocolates) o esconde tras “pantallas santas” las más grotescas desviaciones. Como bien lo expresa en su nota el señor Daniel Chávez, el diablo no es un cuento y por eso en la Palabra de Dios se nos advierte contra sus asechanzas (Ef.6:10-13). Entreguemos nuestra vida a Jesucristo y estemos alertas!
































