Cuando vuelvan a pasar por Rosario sería bueno que los valientes y arrojados pilotos del Dakar atraviesen la ruta en el tramo entre la autopista a Buenos Aires y la 21 (Rosario-San Nicolás). En primer lugar deberán no sólo sortear los innumerables pozos que hay a lo largo de toda la traza, sino también esquivar a los vehículos (muchos de ellos camiones de gran porte) que de frente intentarán hacer lo mismo que ellos. Que ni intenten ir a la banquina, porque seguramente se perderán entre los matorrales, se llevarán por delante vendedores de melones, salames, carbón y papa, entre otros, o bien terminarán en el cumpleaños de Luisito, anunciado con globos de colores atados a las señales viales. Cuando lleguen a mitad del recorrido, a la altura de la vía del tren, los hundimientos del asfalto los obligarán a realizar ajedrecísticos movimientos para superarlos. Si aún les queda alguna parte del vehículo y siguen camino, cuando lleguen al final se hallarán con una bifurcación que culmina en la ruta 21, si giran a la derecha para General Lagos (que no miren el cartel indicador, apunta para el cielo de torcido que está), caerán en una serie de pozos-cráteres que seguro constituirán el final de su carrera. Si giran a la izquierda, hacia Pueblo Esther, verán una estatua de la Virgen a la cual deberán agradecerle haber llegado hasta allí.



































