Amo mi mascota "Kyra", identificación y nombre que mis hijos le pusieron cuando de cachorra ingresó a nuestro hogar. La llevo siempre al veterinario para su control porque ya está grande (como yo), pero me dio tantas satisfacciones, que el día que me abandone, me sentiré tan desprotegido y poco amado, por un ser tan importante y simple, como "mi" cocker canela. Pero a veces tengo la sensación que otros quisieran decir lo mismo de sus seres queridos (no humanos) y no se animan, porque el afecto incondicional, inconmensurable, desinteresado y puro, que sólo una mascota te puede brindar, no lo encontrarás en ningún otro ser vivo (sin discriminar las plantas). Y esto, siempre lo comento, en ocasiones que el afecto se interpreta entre nuestros pares, como lo más importante que recibís sin recambio, aunque alguien se moleste y opine lo contrario. Digo todo esto porque no estoy de acuerdo que algunos buenos vecinos, que dicen amar a los animales, las aves y el microclima de esta ciudad, se la pasan desparramando por la vía pública, restos de pan de sándwich, trozos de huesos c/carne, alimentos balanceados y otros productos comestibles, que vaya a saber quien le toque en suerte digerir, cuando vemos a los humanos que todavía se instalan dentro de los volquetes de residuos domiciliarios, para no sólo retirar cartones y botellas u otro elemento comercial, sino para poder subsistir él y su familia. También en esto debo ser justo, porque no todos salen a "pasear" a sus guardaespaldas o mascotas, y dejan sus deposiciones en la acera, para que algún desprevenido peatón o no vidente, se embeba el calzado de algo que no distinguió, porque el precavido dueño con una bolsa de súper, la levanta como si tuviera un guante para depositarlo en el próximo volquete, como corresponde hacer, por respeto al prójimo. "Porque el animal no tiene la culpa". Creo definitivamente que si queremos a nuestras mascotas, también debemos querernos y respetarnos entre nosotros los humanos.


































