Quizás fue sólo tragedia y tu misión era ser un muy buen médico. Quizás fuiste sólo una víctima más de la negligencia. Yo, personalmente, prefiero pensar, Santi, que fuiste un ángel con una gran misión. Que quizás, viniste a unirnos a todos los rosarinos, a lograr olvidarnos por un momento de las diferencias de clases sociales, de edad, a la rivalidad deportiva, las discusiones políticas, el egoísmo. Desataste una red solidaria con un único objetivo, encontrarte con vida. Y vaya juego el del destino que, en esa búsqueda desesperada nos encontramos con solidaridad, unión, compromiso y esperanza. En los rastrillajes no importaba el frío, ni las labores que teníamos que hacer al día siguiente. Te buscábamos sin conocerte, con tu imagen en una copia, la cual mirábamos a cada minuto, por simple inercia, porque tu rostro estaba grabado en corazones esperanzados. Gracias Santiago Laguía, no te encontramos con vida, pero varios encontramos el sentido de nuestras vidas: ayudar al otro sin nada a cambio, unirse por una buena causa, aceptar al otro tal cual es y caminar a la par para buscarte.

































