Para ser grande primero hay que saber ser pequeño para poder servir a los demás. Es el caso de la casa Sport 78 de Rosario, que con un gesto de grandeza donó elementos deportivos para los internos privados de la libertad del Pabellón 11, de la cárcel de Piñero. Como agente del Pastorado Penitenciario de la Iglesia Católica de Rosario, visitamos una vez por semana dicha institución, llevando la palabra de salvación de nuestro Señor Jesucristo, para lograr la conversión de los internos. Solemos escuchar a ciertas personas proclamadas cristianas decir que no hay que querer o amar a los presos, a los que han hecho un mal, para ellos ahí termina el deber de amar y subsiste el derecho a la venganza. Jesús dijo: "Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen". San Agustín decía: "Matar el error y amar al que erra; matar al adulterio y amar al adúltero, matar la mentira y poder amar al mentiroso...". De esta manera podemos clarificar nuestra idea de lo que es amar. Buscar el bien del amado, aquello que lo hace pleno, que lo perfecciona como ser humano; iluminar al confundido, abrir horizontes de esperanza al desesperado, alentar al alicaído. Son formas concretas que nos muestran bajo cualquier circunstancia, se puede y debe amar. También en las cárceles el ser humano experimenta el amor de Cristo Jesús que llena sus corazones, aprenden a compartir y saber del perdón, a vivir en paz, olvidar el rencor, la envidia, la traición; experimentando la libertad espiritual, que es el don máximo y más cotizado de la conversión, que se logra a través de la evangelización. Apliquémoslo, como lo hizo esta casa deportiva solidariamente, brindándose al necesitado con un amor incondicional, sin esperar nada a cambio. Que Dios los bendiga.
































