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EEUU podría vivir otra crisis fiscal en los primeros meses de 2014

No es la primera vez que Estados Unidos está ahí, al borde del abismo y con resultado incierto. Pero sí es la primera vez en 17 años que el gobierno cerró todas sus dependencias no...

Viernes 18 de Octubre de 2013

No es la primera vez que Estados Unidos está ahí, al borde del abismo y con resultado incierto. Pero sí es la primera vez en 17 años que el gobierno cerró todas sus dependencias no esenciales en lo que la legisladora demócrata Nancy Pelosi describió como un "lujo" de 16 días que costará a la economía 24.000 millones de dólares.

Charlie Dent, republicano, se sumó a la mayoría bipartidista en la Cámara de Representantes (Diputados) que rompió la parálisis de semanas para aprobar una medida que elevara el tope de endeudamiento y permitiera volver a abrir el gobierno. "Estoy realmente contento de que hayan prevalecido las cabezas frías", afirmó, después de que el líder de su fracción, John Boehner, admitiera la derrota y abandonara las demandas que los republicanos habían puesto para socavar la reforma sanitaria del presidente Barack Obama.

Pero Dent advirtió que "no hay que celebrar", porque se trata solamente de una ley que permite la financiación de manera temporal, al igual que la elevación del límite de deuda.

La misma situación. Según la medida firmada por Obama, el gobierno apenas tiene unos pocos meses antes de volver a verse en una situación que algunos han comparado a la de la película "Groundhog Day" (Día de la Marmota), en la que el protagonista se despierta cada mañana para vivir la misma situación del día anterior.

Hasta el 13 de diciembre, un comité bipartidista formado con miembros tanto del Senado como de la Cámara de Representantes tiene que resolver las disputas que han llevado al gobierno al borde de la cesación de pagos tanto ahora como en el verano (boreal) de 2011. La disputa ya tuvo además otro episodio en enero de este año, cuando Obama acababa de iniciar su segundo mandato como presidente.

El gobierno tiene fondos solamente hasta el 15 de enero, cuando el Congreso tiene que volver a forcejear para ver si se mantienen los recortes apoyados por los republicanos. Y aún más importante, el Tesoro sólo ha recibido autorización para seguir endeudándose para pagar sus cuentas hasta el 7 de febrero, en un tira y afloja que según los expertos puede acabar dañando "la buena fe y el crédito" de Estados Unidos. Para los observadores extranjeros, la repetición constante de las crisis fiscales choca con la imagen de Estados Unidos como un modelo de democracia en el que los partidos políticos deben dejar a un lado sus diferencias en favor del bien común.

El secretario del Tesoro, Jacob Lew, saludó el acuerdo precisamente como una defensa de la confianza en el crédito de Estados Unidos, "ancla del sistema financiero internacional y divisa mundial de reserva".

Pero cabe preguntarse si un acuerdo a tan corto plazo realmente consigue eso. El representante demócrata Chaka Fattah no estaba tan seguro. Acaba de visitar Israel, donde los líderes "tenían dificultades en entender, en vista de la posición de liderazgo de nuestra nación en tantas situaciones críticas, que estuviéramos paralizados".

El gobierno estadounidense tiene que "conducir nuestros asuntos de modo de que se gane el respeto en todo el mundo en vez del desconcierto", añadió. Y otros legisladores dijeron sentirse avergonzados frente al resto de los países.

 

En la mira. Dentro de Estados Unidos, los republicanos moderados acusaron al ala más radical de su partido, el Tea Party, un grupo de unos 40 diputados de la Cámara de Representantes, por la situación y por el alto porcentaje de ciudadanos que acusan a su agrupación de ser la responsable del "shutdown" y la amenaza de quiebra.

Fue un error que los republicanos de la Cámara exigieran desmantelar la reforma de salud de Obama cuando ya era una ley defendida por la Corte Suprema de Estados Unidos, señaló el senador John McCain, uno de los moderados dentro del Partido Republicano. Pero otros republicanos, como Jack Kingston, votaron en contra del acuerdo, al tiempo que declaraba a CNN que es hora de que el gobierno federal deje de gastar dinero, incluso si eso implica no pagar las facturas de los gastos ya aprobados. "Esto es una escaramuza comparado con lo que viene", advirtió Kingston.

Nada es seguro. Cuando Obama anunció que firmaría la ley en cuanto estuviese aprobada por el Congreso, rechazó contestar preguntas y se dio la vuelta para irse. Pero entonces, cuando un reportero le preguntó si pensaba que todo esto podía repetirse en unos meses, giró la cabeza y dijo contundente: "No".

Sin embargo, nada es seguro. La minoría del Tea Party no tiene mucho que temer, porque según las encuestas cuenta con una media de un 60 por ciento de apoyo en sus respectivos distritos electorales, con lo cual es muy difícil que cambie de postura.

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