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Después de nueve fechas, Rosario Central insinúa pero aún no despega

El equipo canalla está por debajo de las expectativas. No encuentra su mejor versión futbolística y eso le impide dar el salto de calidad que necesita.

Lunes 30 de Septiembre de 2013

Cualquier esbozo de análisis de lo que es el presente de Rosario Central recaerá, inexorablemente, en rasgos reiterativos. Pero es como incrustarle cierta cuota de asidero a aquella frase que reza que "la única verdad es la realidad". A las pruebas hay que remitirse. Sólo ocho puntos de los 27 que se disputaron es poco para las pretensiones que se habían cifrado desde el momento en que el equipo logró el ascenso y, más aún, luego del armado completo del plantel. Puede haber algún que otro atenuante, algo que haga suponer que el despegue es posible, pero de la misma forma está latente la sensación que un cambio debe darse, siempre desde el juego, claro. El promedio canalla (tomando en cuenta la evaluación de este diario) es bajo. Apenas de 4.70 y sólo en tres ocasiones superó el 5 (ver infografía). Y las consecuencias están a la vista, con sólo dos victorias y la misma cantidad de empates, más cinco derrotas.

Sólo la clara visualización que el camino a recorrer todavía es demasiado largo es lo que hace que la calma oscile dentro de los parámetros normales. El problema es que las soluciones deben ir apareciendo, aunque de a poco, cuanto antes porque, se sabe, cuando los márgenes se achican, las presiones aumentan.

El gran problema de Central está en el juego. No hay muchas especulaciones en este sentido. Ocurre que aquella sensación de principio de torneo, sobre que ningún equipo era superior al del Miguel Russo, de a poco empezó a tornarse como una señal casi conformista. Y en este sentido hasta podría dividirse el torneo en dos, donde los triunfos ante Quilmes y Godoy Cruz sirvieron como un más que aceptable contrapeso a las derrotas contra River y Gimnasia. En esa parte del campeonato la diferencia con los rivales era mínima, posiblemente como ahora, pero la realidad parecía otra.

Después vino lo ya conocido. Tres caídas de manera consecutiva y la clara falta de respuestas para reencontrarse con el triunfo. Y no es antojadizo cuando se hace referencia a la endeblez en lo que tiene que ver con el juego propiamente dicho. El hecho de no haber podido, ni sabido, sacar diferencia contra dos equipos jugando casi dos horas con un hombre de más es una clara muestra de esto (ver aparte).

Lo que no puede dejarse fuera del análisis es la falta de jerarquía para demostrar que la consolidación está al alcance de la mano. Más teniendo en cuenta que chances existieron. La de All Boys (después de un cambio de actitud importante respecto a lo que había mostrado en cancha de Tigre) fue una de ellas. Pero también desaprovechada.

Russo ya hizo mención más de una vez a que en la medida que los rendimientos individuales crezcan, el funcionamiento colectivo se elevará por decantación. También cabe la pregunta de porqué en la mayoría de los partidos esas actuaciones individuales estuvieron muy por debajo de lo esperado. En este sentido se puede referir a la existencia de una estructura o una forma de juego que no encaja con lo que los futbolistas están en condiciones de dar. Una simple especulación, pero que a esta altura puede resultar otra variable de análisis.

Se cambiaron nombres, se buscaron alternativas (en algunos casos con menor insistencia que en otros) y hasta se alteró el sistema táctico. Pero se cambió poco. La esencia de la mejora en el juego sigue en la columna del debe.

En esos rasgos reiterativos a los que se hizo mención en el inicio de la nota aparecen los errores propios (algunos ya con demasiados casos de repetición) que a Central le costaron más de un dolor de cabeza. También está la clara incapacidad para saber manejar los tiempos del partido, el apenas discreto modus operandi del equipo con pelota al pie, la escasa capacidad de resolución en los metros finales, el prácticamente nulo aprovechamiento de la pelota parada a favor. Y puede haber más. Todo es parte, ni más ni menos, que de esa falta de fisonomía de un equipo confiable.

También hay atenuantes. Por ejemplo, un par de errores arbitrales prohibieron que el equipo tuviera algunos puntos más, aunque eso no modifique sensaciones ni razonamientos. Y otro: ¿de dónde nace la idea de que el presente no es desesperante? En que con sólo tres puntos más el equipo estaría (al menos hoy) en una zona baja, pero fuera de los puestos de descenso. Esto es, hay luces que se encienden, pero todavía nada que haga disparar la alarma.

De todas formas lo esencial es no perder el eje de la discusión. Porque quedarse en esto último invitaría a una relajación para nada aconsejable. La cuestión es diametralmente opuesta. Se puede partir de ello para mantener la calma, pero saber que con lo hecho hasta aquí no alcanza.

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