Parece que llegar a cierta edad avanzada es sinónimo de desprecio por la vida. Al menos sería así para algunas personas, si se puede denominar con este término a aquellas que hacen un juramento hipocrático como médicos y luego no lo ejercen ni lo practican. Ante la impotencia y el dolor que esa irresponsabilidad trajo a nuestra familia, me decidí a contar lo que desgraciadamente nos tocó vivir con mi querida madre y su correspondiente médica de cabecera de Pami, la doctora Beatriz Clauss. 1) El día 8 de febrero de este año mi madre se cayó y no le diagnosticaron nada. Luego de más de dos semanas de dolor ¡oh sorpresa!, al sacarle una placa tenía quebrada la cadera y por ello fue internada el 23 de febrero. 2) Vino una operación el día 6 de marzo complicada por el tiempo transcurrido y problemas de salud que se fueron acumulando. A las 48 horas de intervenida la enviaron a casa. Por la poca espera de la evolución, a los cuatro días hubo que internarla nuevamente pero con un cuadro agravado: neumonía y anemia. 3) Luego de unos días el 22 de marzo, la enviaron nuevamente a su casa, pero esta vez con la indicación de atención en enfermera y médico a domicilio. Lo primero se cumplió, pero lo segundo nunca se hizo realidad ya que jamás logré que su médica de cabecera me atendiera personalmente ni viniera a observar a mi madre. 4) A raíz de ello mi madre empeoraba. Yo llamaba a Emergencias, se presentaban distintos médicos que daban diagnósticos varios. Hasta que al fin, de tanto llamar a Pami Escucha, me enviaron la emergencia de Pami. Estos médicos, al comprobar la gravedad y el abandono al que había estado expuesta, ordenaron su urgente internación el 28 de marzo sin dejar de comentarnos que si la médica hubiera cumplido con su obligación esto no hubiese pasado porque era, lisa y llanamente un abandono de persona, y, que si queríamos, podíamos denunciarla. Conclusión, en Pami II, luego de muchas complicaciones, angustias de parte del enfermo y de todos nosotros, con un diagnóstico de septicemia, el 14 de abril, el ser más querido por todos falleció. Nuestra pregunta e impotencia ante todo lo sucedido es: ¿qué se puede hacer para que otros enfermos o pacientes y sus familiares no tengamos que pasar por estas situaciones injustas ni ser víctimas de tanta negligencia?


































