Hay lugares recoletos de la ciudad que ofrecen un ambiente ideal para el sosiego, la pausa del día que resulta mágica en medio del fárrago urbano. Uno de esos es la plaza 25 de Mayo, frente a la Municipalidd y la catedral, por situarla. Desde ya que va mudando de fisonomía social a lo largo del día. Y, precisamente pasado el mediodía adquiere ese ambiente lánguido y tranquilo. Por espacio de una hora, o más, todos los bancos están ocupados, y en su inmensa mayoría sostienen a jóvenes con trajes oscuros y camisas blancas con corbatas que comprende una ampia paleta de tonos y niñas con pinta de secretarias ejecutivas que comen sándwiches o yogures despaciosamente, saboreando cada bocado. En grupos de dos o tres comen apenas intercambiando algunas palabras, esporádicamente, como si de golpe alguien se hubiera acordado de alguna cosa y tenía miedo de olvidársela. Algunos, cada tanto intercambian los bocados con sorbos a botellitas transparentes, o de alguna gaseosa. Y después dejan que la mente divague por los recónditos meandros de los recuerdos.























