El pasado 8 de marzo se celebrí el Día de la Mujer. He escuchado en radio, TV y otros medios periodísticos sobre sus derechos. Ella ya los tiene en política, deporte, ciencias, en el empresariado. Me parece bien que haya crecido tanto, pues su intelecto hace que ella sea capaz de cubrir cualquier cargo y destacarse. Pero me queda una duda. Nunca la sentí tan desprotegida, porque voy más allá de todos sus logros y sólo veo a la mujer. Hoy la veo manipulada, queriéndole colocar como triunfalista por un reconocimiento fugaz en los medios por escándalos inventados o ciertos, por bailes obscenos, con una carga permanente sobre la aceptación de su cuerpo, con pautas generalizadas a las cuales tiene que obedecer, con niñas que quieren seducir con resultados inimaginables, con adolescentes sin rumbo porque nadie las orienta. Pero, a pesar de todo, estoy segura de que toda mujer es capaz de ser realmente auténtica cuando su corazón sabe amar de verdad y sin excusas, sin culpar a nadie, se impone ella para defender aquello que la hace realmente mujer. Es lo mejor que cada una puede aportar a la sociedad de hoy.


































