El tema de la ciclovía de calle Salta, que los comerciantes resisten, es parte de todas las improvisaciones que en materia de regulación del tránsito caracterizan la acción de gobierno de esta administración municipal. No hace mucho tiempo se limitó la circulación de autos particulares por el microcentro por el problema de la contaminación y sus efectos nocivos en la salud de los rosarinos, medida que revirtieron desde el Ejecutivo Municipal por la presión que ejerciera el comercio y sus cámaras frente a lo que mencionaban como reducción de ventas. Todos los argumentos que posibilitaron la primera medida citada, partieron de un análisis de grupos ecologistas y de los organismos técnicos de la propia Municipalidad, que dada la concentración de gases tóxicos de los escapes de automotores tornaban irrespirables las céntricas calles de la ciudad y muy serias afecciones fueron detectadas en empleados y público en general que deambula por esa zona. Prestigiosos médicos neumonólogos se habían manifestado a favor de la eliminación del tránsito aludido y en reiteradas crónicas periodísticas se destacaba la acertada medida en resguardo de la salud de la población, cuestión que a la fecha no está resuelta y la cantidad de automotores que circulan se ha duplicado o triplicado, convirtiendo en un caos toda esa circulación que envenena el aire que respiramos. Una ciudad, que cuenta con el privilegio de una costa ventilada por los vientos, por negligencia, complicidad con el sector inversionista inmobiliario y connivencia con esa especulación, levanta nuevas torres de descomunal altura para viviendas particulares de altos costos que constituyen barreras a la aireación natural de nuestra ribera, que incluso ha perdido el camino de sirga.Pero esto sigue demostrando que Rosario no se planifica. Que disponemos de excelentes profesionales pero que los criterios de la matriz urbanística se alejan de las necesidades de la población y poco tienen que ver con las aspiraciones a la vivienda que detentan miles de parejas jóvenes. El puerto de la Música, al igual que el proyecto del tren bala de la señora presidente, constituyen delirios de inversiones faraónicas que contrastan con las reales necesidades de la población que no disfruta del City Center, como lo hace esa selecta minoría que en autos de alta gama disputa carreras en nuestra autopista para hacerse una "escapada" a tirar unos pesos en este casino que nos impuso el gobierno provincial anterior. Edificar nuevos edificios de propiedad horizontal para responder a la demanda de inversionistas sojeros, se ha considerado "progreso" y basta echar una mirada a la realidad para descubrir como contraste en la periferia los cinturones de pobreza extrema, hay que constatar las desnutriciones que ostentan muchos chicos, las condiciones de salubridad en la que viven decenas de familias y ver el triste espectáculo de los que "comen" directamente del contenido de los contenedores de residuos ante la indiferente mirada de los mismos que se quejan por la "basura que tiran estos negritos". Que suerte que tenemos los rosarinos por tener medios, funcionarios, dirigentes y candidatos que se preocupan por determinar si está bien o está mal la bicisenda de calle Salta y se enfrascan en acalorados debates de ese "tan importante tema" y hacen de nuestro Concejo Municipal la caja de resonancia de sus posiciones mientras seguimos posponiendo las soluciones que la ciudad y su población reclama desde hace décadas, como por ejemplo el transporte de pasajeros, sin que las últimas administraciones hayan encarado o concretado solución alguna duradera.


































