En una carta publicada el 27 de junio de 2006 sostenía respecto de la ley antitabaco (próxima a sancionarse en Santa Fe en aquellos días) que el carácter prohibitivo y expulsivo de la norma no desalentaría el consumo de tabaco. El camino elegido no era el más provechoso porque todo lo que se impone coercitivamente genera conflicto, rebeldía y tiene duración efímera. Pasaron tres años y el vaticinio quedó en gran medida cumplido: por un lado, el consumo de tabaco no disminuyó. Por otro, no es extraño, como lo señala un lector de La Capital en una carta de lectores publicada la semana pasada, que se generen insubordinaciones a la regulación, con sus conflictos, cuando algunos fumadores desobedecen la normativa vigente. Conflicto y rebeldía son respuestas esperables frente a imposiciones terminantes y acentuadamente restrictivas que pueden convertirse en excluyentes para el sector abarcado. En provincia de Buenos Aires, Capital Federal y en otros lugares del país supieron conciliar derechos y deberes, con mayor equidad jurídica y sabiduría sociológica. El marco legal vigente impone obligaciones a los fumadores: no fumar en determinados lugares; y a la vez les concede derechos: poder fumar en sectores convenientemente aislados, que locales gastronómicos y de otra naturaleza pueden habilitar.





































