El paso circunstancial por Rosario significó el ingreso a una agobiante
pesadilla para una familia platense. Camino a la autopista a Buenos Aires minutos antes del
amanecer, a la altura de acceso Sur y avenida Uriburu, el auto en el que viajaban recibió una
violenta pedrada que le reventó el parabrisas, le destrozó la cabeza al conductor y traspasó la
luneta trasera. Cuando el vehículo se detuvo tras estrellarse contra un guardarrail, los viajeros
fueron asaltados por tres hombres armados con cuchillos, quienes los despojaron de documentos,
dinero y celulares.
Pero lo más dramático se desataría ni bien los delincuentes
se retiraron: en ese momento los demás ocupantes advirtieron que el hombre sentado al volante
estaba inconsciente y con abundante sangre en el rostro. Una ambulancia lo trasladó al Heca donde a
media mañana le diagnosticaron estallido de cráneo. Anoche permanecía en la sala de terapia
intensiva, en estado de coma y con un pronóstico desalentador.
Al llegar a Rosario el conductor
atravesó la ciudad bordeando el río. Se incorporó al acceso Sur en dirección a la autopista
Aramburu y al pasar por avenida Uriburu un individuo joven, desde el costado de la calzada, les
arrojó un violento piedrazo que traspasó el lado izquierdo del parabrisas abriendo un orificio
irregular de unos diez centímetros de diámetro.
Tras perforar el vidrio la piedra,
lanzada con fuerza en sentido inverso a la dirección que llevaba el vehículo, le dio de lleno en la
frente a Frutos por lo que el auto, descontrolado, empezó a zozobrar y terminó golpeando contra una
defensa de hierro.
Entonces tres personas se acercaron
al Corsa y robaron lo que llevaba la familia: una parte del equipaje, tres teléfonos celulares,
documentos personales y del auto y 500 pesos.
La escena era de aturdimiento, con
las mujeres y el nene llorando ante la cruenta irrupción en la oscuridad de los asaltantes, uno de
los cuales lanzaba amenazas cuchillo en mano. El mayor estremecimiento sobrevino al esfumarse los
ladrones. Fue cuando la esposa del conductor, sentada a su lado, apreció el torrente de sangre que
inundaba el rostro inmóvil de su marido manchando la butaca donde estaba desvanecido. La ambulancia
número dos del Sies llegó al lugar a las 6.20 y el médico que revisó a Frutos le diagnosticó
traumatismo de cráneo con pérdida de conocimiento. De inmediato lo trasladaron al Hospital Clemente
Alvarez.
El jefe de la guardia de la sala de
terapia intensiva, Sergio Trevisán, dijo a La Capital que la situación del paciente era
extremadamente delicada.
"Tuvo estallido de cráneo y está bajo
examen de neurocirujanos, con respiración mecánica y asistida. No fue operado. Lamentablemente el
pronóstico es malo", señaló el médico.
A un costado de la comisaría 11ª ayer
se notaban los daños ocasionados al vehículo asaltado, que quedó allí estacionado. El asiento y la
ventanilla del conductor estaban cubiertos de sangre, con astillas del parabrisas resquebrajado
dispersas en la zona delantera. El vidrio de la luneta trasera estaba destrozado. La rueda
delantera derecha se desprendió al igual que el guardabarros de ese lado.
La esposa de Frutos, Nora, contó ayer
que hacían el tramo que recorrían ayer cuando fueron asaltados cada vez que visitaban a sus
familiares en San Carlos Centro. "Ibamos confiados porque nunca nos había ocurrido nada",
dijo.
El ataque se registró pasadas las 5.30 en una zona donde son
frecuentes los asaltos a automovilistas (ver página 25). Claudio Frutos, de 37 años, cruzaba
Rosario en un Chevrolet Corsa plateado modelo 2009, junto a su esposa Nora Villarruel, de 32, el
hijo de ambos, de 11, y una hermana de la mujer, de 30. Venían de San Carlos Centro, departamento
Las Colonias, donde habían pasado diez días de vacaciones en casa de familiares, y volvían a La
Plata.
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