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De las diarias complicaciones

Casi cayendo la noche pasé por el médico por un problema que estoy teniendo en el oído y a causa de esto estaba esperando para hacer el trámite que permite que un médico te atienda.

Viernes 24 de Abril de 2009

Casi cayendo la noche pasé por el médico por un problema que estoy teniendo en el oído y a causa de esto estaba esperando para hacer el trámite que permite que un médico te atienda. Me quedé a un costado de la vitrina de atención al público del sanatorio. Escuché a una chica que solicitaba su historia clínica a una señora encargada de ese sector. Ante esto la encargada del sector explicó que posiblemente esa historia clínica no se encontrara en ese lugar, por no haber sido solicitada previamente. La paciente explicó que ella no entendía de qué manera se manejaban ni cuáles eran los procedimientos. Se encontraba desinformada y nadie la orientó en este trámite. Anunciaron mi número, me acerqué a la ventanilla y a los pocos minutos la encargada explotó en un grito casi violento: "Y si no te expresás bien qué culpa tengo yo". Nos sorprendió a todos. De repente el ambiente se tornó turbio y se me cruzó por la cabeza qué tan difícil es soportar las presiones que nos imponen día a día, cuántos errores atentan contra nuestra eficiencia cuando nos encontramos frente a situaciones que nos superan. Las crisis obligan a las empresas a ajustar sus estructuras, a los empleados a trabajar en condiciones más difíciles, porque los problemas no son sólo laborales, éstos se cruzan con los personales. Pero siempre existe la posibilidad de mejorar nuestros sitios de trabajo. A veces hay que resignar caprichos o posturas que atentan contra el equipo de trabajo y debemos asumir el rol que corresponde. No a callar y aceptar con resignación la realidad, todo lo contrario. Debemos reaccionar creativamente y contagiar de optimismo a nuestros pares. Proponernos a mejorar nuestras posiciones y sin dudas a mejorar el desempeño de todo el equipo. El día a día puede ser muy complicado pero depende de nosotros el modo en que asumimos afrontarlo. Dedico esta carta a los empleados que día a día enfrentan eficientemente las limitaciones de los que los rodean.

Pablo Domenech, domenechpablo@hotmail.com

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