Brindarle un poco de lirismo, de vez en cuando, a nuestro espíritu, es bueno. Porque nos saca por un momento de la realidad que nos circunda y nos invade, para transportarnos a un estado interior mejor y más amable. Siendo que actualmente la depresión (por ejemplo) es un mal que nos acecha constantemente, es conveniente pintar con coloridas expresiones lo que sentimos, de manera que lo malo no nos desvanezca ni nos quite la armonía que tanto deseamos conservar. En una de sus poesías, fray Luis de León, expresa: “No pinta el prado aquí la primavera, ni nuevo sol jamás las nubes dora, ni canta el ruiseñor lo que antes era. La noche aquí se vela, aquí se llora el día miserable sin consuelo, y vence el mal de ayer, el mal de ahora”. ¿Quién no se sintió alguna vez invadido por este sentimiento? ¿quién, en alguna ocasión, no se deshizo en lágrimas, contando a un oyente sus penas o desgracias? Pero, felizmente, por ser la depresión en la mayoría de los casos un estado pasajero, el mismo Luis de León nos muestra un panorama distinto al anterior, en los siguientes versos: “Mil varios pensamientos mi alma en un instante revolvía, cercada de tormentos, de pena y agonía, buscando algún descanso y alegría. Mas, como no hallaba contento en esta vida ni reposo, desalada buscaba con paso presuroso a su querido amor y dulce esposo. Y andándole buscando, cansada se sentó junto a una fuente que la iba destilando un risco mansamente, regando el verde prado su corriente. Las parleruelas aves una acordada música hacían de voces tan suaves que al alma enternecían, y en amor de su esposo la encendían. Y con gentil donaire, plegando y desplegando sus alillas, jugaban por el aire las simples avecillas, divididas en orden por cuadrillas. Y en forma de torneo las unas con las otras se encontraban con ligero meneo, después revoleaban, y entre la verde hierba gorjeaban…”.

































