Esta es la historia de dos mujeres que hace más o menos seis años fueron enviadas a un sector de un barrio para que la gente pudiera conocer más sobre Jesús. Al llegar allí se dieron cuenta de que lo más urgente eran las necesidades que la gente de allí padecía: hambre, frío, enfermedades y por sobre todas las cosas la falta de interés de quienes decían hacerse cargo de ellos. Fue así que decidieron mostrarles a Jesús a través de las acciones y no sólo en palabras. Estas dos mujeres Nilda y Silvia comenzaron cocinando bajo un árbol con una olla y fuego a leña, no importaba la lluvia, el frío intenso, los niños y sus familias; debían comer. Y así de a pasitos, poco a poco, hubo grandes colaboradores (grandes de corazón) que decidieron aportar su granito de arena para ayudar a estas dos misioneras. Con el correr de los días fueron apareciendo los primeros ladrillos, la cocina y así en unos meses se inauguraba el nuevo comedor Sagrado Corazón, sin ninguna presencia política, ni diarios, ni canales de TV, sólo ellas y la gente del barrio que también ayudó a que este sueño se hiciera realidad. Es allí que hoy meriendan y cenan más de 250 niños y sus respectivas familias. Se festejan días del niño, navidades y reyes, para lo cual se junta durante mucho tiempo para que en esos días nadie quede sin regalo. Pero como si esto fuera poco, también se ocupan de los perros y gatos que habitan cerca del comedor llevándoles alimentos. Creo necesario agasajarlas de alguna manera y ésta me parece la ideal, ya que todo este tipo de acto de amor infinito debe algún día salir a luz y ser reconocido. Porque esta clase de gente deja mucho propio por ayudar al prójimo.




































