Existe relación entre las palabras corrupción, violencia y depresión. Trataremos de demostrar que ninguna de ellas pertenece a hechos aislados y que hay conceptos que pueden llegar desde las ciencias médicas y ser traspolados a las áreas de la política. Vemos por estos días, a raíz de los crecientes actos de violencia y corrupción en que está sumida la sociedad, discusiones que parten de quienes detentan el poder tratando el tema de esa violencia social, la corrupción, el miedo y la depresión en que está la sociedad actual de manera creciente, de manera sólo unilateral. Observamos cómo estas discusiones centran su accionar directamente en el tratamiento. Penas de mayor o menor grado; mano dura o mano blanda, más policías en las calles, etcétera. María Montessori, la gran pedagoga italiana, no creía, habiendo estudiado el tema en profundidad para la educación y el crecimiento humano, en los sistemas de premios y castigos, menos aún en estos últimos. Sería irrisorio en medicina intentar tratar una enfermedad empezando por el tratamiento de una manera estructural como conducta. Dejaremos esto sólo para acciones coyunturales de emergencia. El camino de las ciencias médicas es diferente; etiología-fisiopatología-diagnóstico y por último el tratamiento. Sólo se le antepone a esta hoja de ruta el acto de la prevención de todas aquellas enfermedades que fueran pasibles de ello. La principal causa de violencia en el ser humano es la ausencia de expectativas y proyectos de vida, en una sociedad que excluye a grandes mayorías de la oportunidad de alcanzar su dimensión humana posible. Y a esto se llega no sólo desde la pobreza material, sino también desde la pobreza espiritual, aun en clases con alto poder adquisitivo. Las frustraciones no vienen sólo de la incapacidad de consumir lo máximo, sino que también nacen de la incapacidad de ser personas, con igualdad de oportunidades de acuerdo a inteligencia y esfuerzos realizados. Ambas pobrezas son crueles en los grados extremos. De esas frustraciones nace la violencia reactiva, muchas veces en pro de la vida, o de la depresión, tantas veces encubierta y que camina de la mano de seres aparentemente triunfales, considerados importantes por su ubicación en la escala social. De esa falta de proyectos propios también nace el miedo, que nos lleva a la pérdida de la libertad, a la sumisión y a transar para sobrevivir. Y la primera palabra del título es, en gran medida, responsable del malestar insoportable en que vive la sociedad. La humanidad espera que quienes ejercen la "política", como lo vienen haciendo hasta ahora, se transformen de una buena vez en estadistas y dejen de pensar sólo en sus presentes, sino que vayan un poco más profundo, para poder modificar y hacer más grato el diario vivir de todos los seres humanos.


































