Siempre que se discute un tema que involucra muchos intereses, se producen choques y diferencias de opinión. No podía ser menos el tema de los carros tirados por caballos. ¿Deben ser erradicados? Dicen que sí, que ya hay leyes que no permiten circular carros tirados por caballos. Ahora digo, la discusión no parece ser de esta época: tercer milenio, año 2015: ¿deben circular carros con caballos por la ciudad? Creo que no, pero la discusión es el caballo o la marginación y la miseria. Esta ciudad, aunque no hay precisiones, alberga y circulan en sus calles, más de dos mil carros tirados por caballos. Esas más de dos mil familias dependen para sus ingresos aunque magros de ese carro y de ese animal. Fletes, recolección de descartes diversos, traslados, transporte. Esos carros tampoco tienen patente, seguro, ni sus conductores licencia para conducir, y hasta en muchos casos quienes lo manejan son menores de edad, pero…nadie los ve, son familias que circulan en medio de una oscuridad que hace que nadie los vea. Esa terrtible oscuridad sin luna ni estrellas es la indiferencia. El Estado debiera implementar un programa nacional a efectos de erradicar la pobreza y marginalidad, hacerlo sustentable, y convocar a todos los sectores de la sociedad a efectos de llevarlo a cabo con seriedad y eficiencia. Pero, equidad y justicia, y comprensión forman parte de esa ausencia. Yo propondría que cada funcionario de gobierno, en este caso local, se haga cargo de una familia en concepto de tutor. Esto involucraría a funcionarios municipales, concejales, directores y gerentes de empresas estatales, adscriptos a administración de impuestos, universidades, organismos de contralor, entre otros. A los que defienden la eliminación de la tracción a sangre, haría un censo, y a cada uno le asignaría a niños menores de edad para que sirvan de salvaguarda, impidan que caigan en la desnutrición, se les dé talleres de educación y se los preserve de la calle y de las inclemencias y consecuencias del abandono. Si los caballos deben ser preservados del maltrato, mucho más los niños. En fin, y para ser justos, eliminar la hipocresía de una sociedad que cuida y no cuida y que termina generando en lugar de caballos maltratados niños maltratados, con poca escolaridad y ninguna protección, en potenciales delincuentes por vía de la inacción el abandono y la negligencia. Cada persona que esté en instituciones de protección animal, que se les asigne un niño para su tutoría y que el Estado aporte fondos para hacerlos sustentables. Adopte un animal, sea humano. Oh no, perdón, me equivoque, adopte un niño, que en definitiva si lo hace con amor evitará que se convierta en un animal.


























