Edición Impresa

Construyamos una perla

Como todos sabemos, la tragedia ocurrida en nuestra ciudad, a través de la profunda crisis que conlleva, ha marcado con sangre y con lágrimas, un hito inolvidable en “nuestra historia”.

Martes 10 de Septiembre de 2013

Como todos sabemos, la tragedia ocurrida en nuestra ciudad, a través de la profunda crisis que conlleva, ha marcado con sangre y con lágrimas, un hito inolvidable en “nuestra historia”. También sabemos que una cosa es la crisis prevista como desenlace inevitable de un proceso previo de resolución ajena a nosotros, (como la muerte post enfermedad de un ser querido por ejemplo), y otra muy distinta es la irrupción de la misma, en forma intempestiva, violenta y súbita, además de masiva, como lo ocurrido en nuestra ciudad, produciendo como es lógico, devastadoras consecuencias. En su acepción latina, el término “crisis” viene de “criba” que significa: cernidor de cereales. Y verdaderamente, en la crisis somos zarandeados con gran fuerza, hay un verdadero rompimiento interior, donde cae lo superficial, caen las posturas falsas, las máscaras usadas para desempeñar roles impuestos, cae el personaje y queda al desnudo la persona, la verdadera identidad. Así afloraron los grandes gestos solidarios y altruistas, con manos extendidas y corazones abiertos, derramando amor sin medida, amor del bueno, ese que cual mágica fortuna se acrecienta mientras más se lo derrocha. Ayuda el reflexionar sobre el vocablo “crisis” en su acepción china, expresada con dos símbolos o ideogramas conforme a su escritura. El primero de ellos significa peligro y el segundo significa oportunidad. Por cierto, los peligros de la crisis son muchos, los cuales amenazan e impactan en todas las áreas, en especial de los directamente afectados quienes deberán rehabilitarse tanto en una dimensión vertical ( su propia vida personal) como en una dimensión horizontal ( la relación con los otros, entre los cuales, muchos de ellos, ya no hallarán a los “suyos”). Es un tremendo desafío por delante, el cual requiere el apoyo de todos nosotros, porque después de este gran impacto sufrido hay un largo y doloroso duelo inevitable, irrenunciable e intransferible, el cual debe elaborarse correctamente a fin de lograr resignificar el presente, hallando un nuevo sentido para la vida que les permita enfrentar al futuro incierto. Pero también hay una oportunidad, para todos, que es la de cambiar, la de adquirir un nuevo posicionamiento, la de salir de un círculo vicioso para ascender en espiral de crecimiento, haciéndonos más responsables, más maduros, más conscientes de lo prioritario, del gran valor de la prevención para evitar tragedias de tan espantosa magnitud, jerarquizando la vida por sobre todas las cosas. Que en medio de la inmensa angustia y honda desazón que nos produce esta crisis, podamos aprovechar la oportunidad que ella nos brinda, y cada uno de nosotros se transforme en una fuerza instituyente derribando viejos y obsoletos, instituidos y preñados de irresponsabilidades recurrentes, desidias testarudas, y respuestas tautológicas, traducidas como un frío “Bueno las cosas son así”, donde subyace el “que me importa” o el clásico “ yo no fui ”, rompiendo así “ el más de lo mismo” que ha generado tantos comportamientos estereotipados naturalizando peligrosos absurdos. La crisis es oportunidad para producir preciosas perlas. Imitemos a las ostras, las cuales al ser agredidas por una arenilla, parásito o cosa indeseable que irrita su constitución, de inmediato y para resolver su crisis, comienza a segregar de su interior el nácar, sustancia lustrosa que va generando capas y capas sobre el elemento extraño y lo va transformando en una perla. Ese es el camino de la oportunidad. Bien se ha dicho que la perla es una herida cicatrizada. Sin duda una arenilla muy dura ha entrado en nuestro corazón, que entre todos podamos construir una hermosa perla, el precio ha sido demasiado alto!

Raquel Pierri / DNI 4.628.115

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario