El Papa Benedicto XVI celebró ayer la ordenación de catorce nuevos sacerdotes de la diócesis de Roma lanzando un duro ataque contra los eclesiásticos que consideran el sacerdocio como una forma de “conquistar una posición social” o de satisfacer sus propias ambiciones.
Las afirmaciones del Papa revistieron especial importancia en Italia, donde todos los grandes diarios dedicaron sus portadas a la investigación por corrupción en Perusa (centro) contra el cardenal arzobispo de Nápoles, Crescenzio Sepe, y el ex ministro del gobierno de Silvio Berlusconi Pietro Lunardi.
“El sacerdocio jamás puede representar un medio para alcanzar la seguridad o conquistar una posición social”, sostuvo Benedicto XVI, quien pareció tenso y fatigado a los periodistas que asistían a la misa celebrada a las 7.30 en la Basílica de San Pedro.
“Quien aspire al sacerdocio para incrementar su prestigio personal y su propio poder ha interpretado equivocadamente el sentido mismo de su ministerio”, añadió el sumo pontífice con voz grave.
“Quienes quieren sobre todo realizar su propia ambición, alcanzar un éxito personal, serán siempre esclavos de ellos mismos y de la opinión pública”, añadió.
“Ellos, apuntó, para ser considerados deberán adular, deberán decir aquello que gusta a la gente, deberán adaptarse al mutar de las modas y de las opiniones y así se privarán de la relación vital con la verdad, reduciéndose a condenar mañana lo que han adulado hoy”.




























