Un intercambio de mensajes como “vamos a activar” o “traé la moto” conectaron a dos jóvenes como los tiratiros a sueldo que, hace tres años, cometieron balaceras de tinte mafioso contra la actual Policía de Investigaciones y un destacamento policial de barrio Tablada. En ambos ataques cometidos en agosto de 2024 —en un caso con un vecino herido de un disparo—, los atacantes dejaron carteles con mensajes dirigidos a un fiscal y a una facción de la banda de Los Monos con sus jefes por entonces presos. Los dos comenzaron a ser juzgados por aquellos ataques con pedidos de condenas que van de los 25 a los 32 años de prisión.
Los acusados en el juicio oral que comenzó el viernes pasado en el Centro de Justicia Penal son Roberto Ignacio Chapire y Lautaro Román Núñez. Este último, además, está involucrado en el crimen de Laureano Cardozo, un joven de 23 años que resultó baleado de muerte de manera azarosa cuando abría la puerta de su casa para sacar a pasar al perro en la villa Flammarión y, en ese momento, un grupo de gatilleros abría fuego en la cuadra desde un auto. En ese vehículo, un Fiat Uno blanco con llantas negras luego secuestrado, se hallaron huellas de Núñez, que está acusado como uno de los agresores.
De 24 años y con causas penales desde la adolescencia, a las que sumó 9 meses de condena por encubrimiento ya como mayor de edad, es quien afronta el pedido de pena más alta a 32 años de prisión, requerida en el debate por la fiscal Laura Riccardo de la Unidad especializada en Violencias Altamente Lesivas. Para Chapire, de 25 años, solicitó 25 años de prisión. El debate se desarrolla ante los jueces Lisandro Artacho, Paola Aguirre y Dolores Aguirre Guarrochena.
Un crimen al azar
Los tres ataques a balazos que se analizan en el juicio fueron cometidos por una misma arma, una pistola calibre 40. La trilogía comenzó el 18 de agosto de 2023 en Flammarión al 5100, en la zona sur. Desde un Fiat Uno abrieron fuego en esa cuadra justo cuando Laureano Cardozo salía a pasear el perro. Fue alcanzado por balazos en el pecho y en una mano que le causaron la muerte. Su familia, que promovió marchas por el caso, indicó que no tenía problemas con nadie y era ajeno a disputas mafiosas.
El auto fue descartado horas después y en una pericia de levantamiento de rastros se detectaron huellas de Núñez en la ventanilla delantera del acompañante. El vehículo había sido robado el 17 de agosto cuando estaba estacionado en 9 de Julio al 100.
El siguiente hecho ocurrió siete días después, sobre las 19 del 25 de agosto, cuando dos atacantes en moto dispararon contra el frente de la entonces Agencia de Investigación Criminal —actual Policía de Investigaciones—, de Lamadrid al 500. Antes de escapar en contramano hacia el oeste arrojaron el cartel con amenazas a un fiscal y a una facción de Los Monos. “Nico Camino, Erik Masini y fiscal Edery, dejen de matar gente inocente o si no vamos a matar policías, juez y fiscales”, decía.
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Pablo Nicolás Camino, uno de los destinatarios, fue gerenciador de una franquicia de Los Monos y mantuvo una brutal disputa interna con otro grupo. Está acusado de idear el crimen del artista callejero Lorenzo “Jimi” Altamirano y de una balacera al supermercado de los suegros de Lionel Messi cometidos sólo para dejar un mensaje a sus rivales. Rodolfo “Eri” Massini, el otro, es un preso federal con condena por narcotráfico, acusado de actuar en sociedad con Camino en la violenta organización conocida como “La Mafilia”.
El tercer hecho atribuido a Núñez y Chapire ocurrió minutos después del ataque a la AIC, a unas veinte cuadras, cuando dispararon contra el destacamento policial conocido como “El Tanque” de Doctor Riva y avenida Grandoli.
El asiento roto
Los testigos dijeron que dos personas a bordo de una moto Guerrero 150 con asiento negro y cuadro negro con vivos rojos y grises dispararon a la sede policial. En este lugar arrojaron una nota similar y resultó herido David Rodrigo O., un vecino de 34 años que esperaba el colectivo, con un balazo en la zona abdominal.
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Filmaciones de la moto dejaron ver que la cuerina del asiento estaba rota. El 30 de agosto Chapire fue detenido tras un allanamiento a su casa de bulevar Seguí al 200, donde se encontró la moto Guerrero 150.
La preparación
Entonces quedó preso por encubrimiento agravado, pero las pericias a su celular detectaron que tenía agendado a Núñez, que eran compañeros y que por esos días habían intercambiado mensaje como “vamos a activar” o “traé la moto”, lo que daría cuenta de la organización de los ataques, aunque no se aclaró a órdenes de quién operaban. Además, su celular impactó en la zona de los ataques y por eso, de simple encubridor, pasó a ser acusado como ejecutor.
Núñez fue detenido cinco días después de las balaceras a sedes policiales, luego de que se encontraran sus huellas en el auto usado en el crimen de Cardozo y en los dos carteles arrojados en las escenas. Cuatro meses más tarde fue además acusado por intervenir desde su celda en la gestión del rescate de un preso de la cárcel de Piñero al que habían trasladado al Hospital Provincial, un incidente que derivó en el crimen a tiros del policía Leoncio Bermúdez. Para la Fiscalía, Núñez fue uno de los internos que ofreció 2 millones de pesos por el rescate.
En el juicio en curso, los dos acusados afrontan cargos por portación ilegal de armas, tentativa de homicidio, amenazas calificadas por ser cometidas con arma y dirigidas a obtener una concesión de un poder público; delitos a los que Núñez sumó el del homicidio de Cardozo. En la causa ya había sido condenada una mujer a 2 años de prisión condicional por tenencia ilegal de arma de guerra.